Espía

Katia N. Barillas

Radio Cultural-Literario*Escritor*Poeta*Declamador
Llevo grabada en el alma trozos de mis memorias,

una pizca del amor que me diera su querer;

el viento fuerte sopla y azota el ventanal de mi casona,

y burbujas de miel revientan en el panal.

Los Serafines en coro están cantando allá en el cielo,

una oda primitiva al fehaciente señor sol;

mariposas blancas, codornices y canarios

son testigos mudos de lo cruel de una traición.

Y entre las nubes blancas…

mi espíritu cautivo aun encadenado

a ese amor prohibido que sentí una vez por él,

me agitaba el corazón con tanto padecer,

haciendo que la sangre, circulante aun en mis venas,

se cubriese de gris por la hiel de ese querer.



Y los chotes reventaron empujándose entre sí

[con las flores del vergel;

los tulipanes morados van sonriendo a las rosas amarillas,

yo soy un gorrión traicionado recorriendo el mismo sendero,

confundido y cansado de volar sin rumbo fijo

sobre el verde intenso de los pajonales;

revoloteando mareado absorto del disgusto,

por el néctar que soltaron las penosas azucenas…

espiando a escondidas cerca del romero,

al silencio de su ausencia,

al ánima que surcaba oculta por su cielo

el obscuro amanecer del día de su condena.
 
Llevo grabada en el alma trozos de mis memorias,
una pizca del amor que me diera su querer;
el viento fuerte sopla y azota el ventanal de mi casona,
y burbujas de miel revientan en el panal.
Los Serafines en coro están cantando allá en el cielo,
una oda primitiva al fehaciente señor sol;
mariposas blancas, codornices y canarios
son testigos mudos de lo cruel de una traición.
Y entre las nubes blancas…
mi espíritu cautivo aun encadenado
a ese amor prohibido que sentí una vez por él,
me agitaba el corazón con tanto padecer,
haciendo que la sangre, circulante aun en mis venas,
se cubriese de gris por la hiel de ese querer.


Y los chotes reventaron empujándose entre sí
[con las flores del vergel;
los tulipanes morados van sonriendo a las rosas amarillas,
yo soy un gorrión traicionado recorriendo el mismo sendero,
confundido y cansado de volar sin rumbo fijo
sobre el verde intenso de los pajonales;
revoloteando mareado absorto del disgusto,
por el néctar que soltaron las penosas azucenas…
espiando a escondidas cerca del romero,
al silencio de su ausencia,
al ánima que surcaba oculta por su cielo
el obscuro amanecer del día de su condena.


Estos versos traen a mi memoria tantos momentos así vividos....si es real el tiempo lo curará, es el mejor aliado para esos amores atormentados.....te abrazo con todo mi cariño y te entrego mil estrellas brillantes que iluminen tu caminar.
 
Gracias por pasar comentando. Un abrazo,
Estos versos traen a mi memoria tantos momentos así vividos....si es real el tiempo lo curará, es el mejor aliado para esos amores atormentados.....te abrazo con todo mi cariño y te entrego mil estrellas brillantes que iluminen tu caminar.
 
lindas imagenes,, bello poema, y sobre permites al lector disfrutar de tus mismas emociones,, bello muy bello poema, un gusto haberte leido
 
Llevo grabada en el alma trozos de mis memorias,

una pizca del amor que me diera su querer;

el viento fuerte sopla y azota el ventanal de mi casona,

y burbujas de miel revientan en el panal.

Los Serafines en coro están cantando allá en el cielo,

una oda primitiva al fehaciente señor sol;

mariposas blancas, codornices y canarios

son testigos mudos de lo cruel de una traición.

Y entre las nubes blancas…

mi espíritu cautivo aun encadenado

a ese amor prohibido que sentí una vez por él,

me agitaba el corazón con tanto padecer,

haciendo que la sangre, circulante aun en mis venas,

se cubriese de gris por la hiel de ese querer.



Y los chotes reventaron empujándose entre sí

[con las flores del vergel;

los tulipanes morados van sonriendo a las rosas amarillas,

yo soy un gorrión traicionado recorriendo el mismo sendero,

confundido y cansado de volar sin rumbo fijo

sobre el verde intenso de los pajonales;

revoloteando mareado absorto del disgusto,

por el néctar que soltaron las penosas azucenas…

espiando a escondidas cerca del romero,

al silencio de su ausencia,

al ánima que surcaba oculta por su cielo

el obscuro amanecer del día de su condena.




La naturaleza y uno, uno solo como lo que se siente de un querer.

Mis saludos con estrellas de admiración.
 

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