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Jacinta

german g

Poeta adicto al portal
Pocos viajeros iban por ese rumbo árido,
y sobre todo cuando soplaba el viento helado;
no muchos soportaban la vida que ofrecían
esos raros poblados. Su gente siempre huraña
reflejaba un inquieto dolor en su mirada...

Su comienzo fue alegre, su final fue macabro.

Cuentan los que vivieron, los que formaron parte
de aquella gran tragedia. Jacinta tenía novio,
su hermana Berenice, celosa le miraba
colgarse de los hombros de Martín y besarle
con pasión y deseo. Berenice invocaba
las fuerzas infernales, y su mente enfermiza
fue planeando la muerte de su cálida hermana.

Veintidós de febrero, fue la fecha maldita.

Jacinta cuyos ojos de amatista lucia;
vivaces y fecundos, coloridos y amables.
Su voz era tan suave que placía los sentidos,
y su espíritu alegre disfrutaba del pueblo.
Salió de madrugada Jacinta rumbo al río,
y Berenice hurgando, fue en silencio tras ella.

Jacinta, con el alma, simplemente cantaba.

... y de pronto la sangre brotó de su garganta
como una fuente roja, que dolorosa bulle.
Berenice temblaba, gritando horrorizada;
¡He matado, he matado... Jacinta yace muerta!
Y una extraña presencia dominó su memoria,
quedando para siempre sumida en la locura.

Martín con amargura, se marchó de su pueblo.





german g
 
Última edición:
Pocos viajeros iban por ese rumbo árido,
y sobre todo cuando soplaba el viento helado;
no muchos soportaban la vida que ofrecían
esos raros poblados. Su gente siempre huraña
reflejaba un inquieto dolor en su mirada...

Su comienzo fue alegre, su final fue macabro.

Cuentan los que vivieron, los que formaron parte
de aquella gran tragedia. Jacinta tenía novio,
su hermana Berenice, celosa le miraba
colgarse de los hombros de Martín y beagle
con pasión y deseo. Berenice invocaba
las fuerzas infernales, y su mente enfermiza
fue planeando la muerte de su cálida hermana.

Veintidós de febrero, fue la fecha maldita.

Jacinta cuyos ojos de amatista lucia;
vivaces y fecundos, coloridos u amables.
Su voz era tan suave que placía los sentidos,
y su espíritu alegre disfrutaba del pueblo.
Salió de madrugada Jacinta rumbo al río,
y Berenice hurgando, fue en silencio tras ella.

Jacinta, con el alma, simplemente cantaba.

... y de pronto la sangre brotó de su garganta
como una fuente roja, que dolorosa bulle.
Berenice temblaba, gritando horrorizada;
¡He matado, he matado... Jacinta yace muerta!
Y una extraña presencia dominó su memoria,
quedando para siempre sumida en la locura.

Martín con amargura, se marchó de su pueblo.





german g

Hola, interesante historia,
quiero imaginar a Jacinta cantando muy feliz
aunque su vida haya tenido otro final.
Grato leerte
Saludos y estrellas
¡SONRIE
 

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