David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Oh, Amor, que a tu veneno me convidas,
y por lo amargo lo rechazo y niego,
mas no te vences, sigues con el juego
haciendo de tus flechas mis heridas.
Tú, que mis venas tienes destrüidas
de tantos sinsabores por el fuego
de tu querer, con súplicas te ruego
que ceses tus intentos homicidas.
Por mucho que yo vaya con cuidado,
el sufrimiento ajeno te devierte,
dejándome después abandonado.
Triste al que pruebe tu licor la suerte
será, pues hartamente me has burlado,
y sé tu arte, el mismo de la muerte.
y por lo amargo lo rechazo y niego,
mas no te vences, sigues con el juego
haciendo de tus flechas mis heridas.
Tú, que mis venas tienes destrüidas
de tantos sinsabores por el fuego
de tu querer, con súplicas te ruego
que ceses tus intentos homicidas.
Por mucho que yo vaya con cuidado,
el sufrimiento ajeno te devierte,
dejándome después abandonado.
Triste al que pruebe tu licor la suerte
será, pues hartamente me has burlado,
y sé tu arte, el mismo de la muerte.