yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Le fui fiel a una mujer toda la noche
y a solas en las penumbras cabizbajas
no tuve razón de otra piel,
le fui fiel como nunca había sido,
descare mis besos veleidosos
en las corolas de sus pechos de amapola,
y no he pensado en nada mas que sus placeres
por doce horas perturbadas.
Le fui fiel, hoy lo confieso,
entregue letanías a los botones de su blusa que se abrían
y a los blancos encajes infestados de deseo,
cubrí su cuerpo de alabanzas patentadas
y ella...
ella fue mi altar particular y mi hostia viva;
yo
fiel a su ardor, quise ser vino
y derramarme calcinante por sus labios
incendiarios de azafrán y terciopelo.
Le fui fiel a una mujer toda la noche,
pactando en evangelios de tequila
el séptimo cielo que su escote prometía;
logramos esa noche las delicias reservadas
a dos ángeles caídos;
le fui fiel con avaricia
tendidos en colinas del deseo
cielo o infierno eran lo mismo.
No hubo mas religión que sus caricias
intrépidas, indómitas, insospechadas,
dibujos pirograbados por mi cuerpo
con sus esfuerzos de odalisca.
Le fui fiel...
hasta que el teléfono burlón nos despertara
con la corrosiva voz de su marido.
y a solas en las penumbras cabizbajas
no tuve razón de otra piel,
le fui fiel como nunca había sido,
descare mis besos veleidosos
en las corolas de sus pechos de amapola,
y no he pensado en nada mas que sus placeres
por doce horas perturbadas.
Le fui fiel, hoy lo confieso,
entregue letanías a los botones de su blusa que se abrían
y a los blancos encajes infestados de deseo,
cubrí su cuerpo de alabanzas patentadas
y ella...
ella fue mi altar particular y mi hostia viva;
yo
fiel a su ardor, quise ser vino
y derramarme calcinante por sus labios
incendiarios de azafrán y terciopelo.
Le fui fiel a una mujer toda la noche,
pactando en evangelios de tequila
el séptimo cielo que su escote prometía;
logramos esa noche las delicias reservadas
a dos ángeles caídos;
le fui fiel con avaricia
tendidos en colinas del deseo
cielo o infierno eran lo mismo.
No hubo mas religión que sus caricias
intrépidas, indómitas, insospechadas,
dibujos pirograbados por mi cuerpo
con sus esfuerzos de odalisca.
Le fui fiel...
hasta que el teléfono burlón nos despertara
con la corrosiva voz de su marido.
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