El Arbol
Poeta recién llegado
TRIVIALIDADES
No escribiré de la selva
sino de las hojas de un árbol,
los ojos de un tigre.
De la muerte escribiré lo menos romántico,
aun cuando me seduzca el eterno resplandor,
aun cuando la luna me pida una letanía
me negaré a confesarle mis ilusiones.
El mar se quedará quieto,
como las miradas de dos amantes
descubriendo que ya no se aman.
Las olas cederán sus espumas,
al fondo
descansará una caracola que más tarde
me dejará escucharlas.
Voy a dejar que el suicida se mate en silencio
-pues no escribiré del ansia latente-.
Un ave surcará mis versos
adornándolos en su vuelo de seda
pero no será el albatros de buena fortuna,
tampoco será el cuervo pepenador de almas.
Que colapsen los soles sobre mis letras,
así no se habrán convertido
en los ojos de una mujer.
No describiré sus labios para no perderme
en el sueño volcánico de la pasión.
Ojalá se quiebre mi poema,
como el mármol de una lápida vieja,
si de pronto me eleva el aroma de una noche estrellada,
si siento un corazón que arde
o si me ahogo dentro de la caracola.
Ojalá se quiebre mi poema
cuando se lleguen a leer cielos brillantes,
el roce de las manos.
Pues hoy quiero escribir sobre los pasos del caminante,
el humo de un cigarrillo,
Lo común y lo corriente convergen
entre la tinta que sodomiza al papel.
Y es que es hermoso pensar en la lluvia
aun cuando parece nostálgica,
Pero es necesario recordar la decadencia
para poder apreciar la belleza.
No escribiré de la selva
sino de las hojas de un árbol,
los ojos de un tigre.
De la muerte escribiré lo menos romántico,
aun cuando me seduzca el eterno resplandor,
aun cuando la luna me pida una letanía
me negaré a confesarle mis ilusiones.
El mar se quedará quieto,
como las miradas de dos amantes
descubriendo que ya no se aman.
Las olas cederán sus espumas,
al fondo
descansará una caracola que más tarde
me dejará escucharlas.
Voy a dejar que el suicida se mate en silencio
-pues no escribiré del ansia latente-.
Un ave surcará mis versos
adornándolos en su vuelo de seda
pero no será el albatros de buena fortuna,
tampoco será el cuervo pepenador de almas.
Que colapsen los soles sobre mis letras,
así no se habrán convertido
en los ojos de una mujer.
No describiré sus labios para no perderme
en el sueño volcánico de la pasión.
Ojalá se quiebre mi poema,
como el mármol de una lápida vieja,
si de pronto me eleva el aroma de una noche estrellada,
si siento un corazón que arde
o si me ahogo dentro de la caracola.
Ojalá se quiebre mi poema
cuando se lleguen a leer cielos brillantes,
el roce de las manos.
Pues hoy quiero escribir sobre los pasos del caminante,
el humo de un cigarrillo,
Lo común y lo corriente convergen
entre la tinta que sodomiza al papel.
Y es que es hermoso pensar en la lluvia
aun cuando parece nostálgica,
Pero es necesario recordar la decadencia
para poder apreciar la belleza.