fuego y llanto.
Hablaste con fuego y llanto,
y que vas a casarte le dices
a aquél que te amaba tanto
y se te entregó sin matices.
Te reconozco pasión,
tu soberbia y la belleza
pues eras tú mi ilusión
y llenabas mi cabeza.
Más no reviviré la historia
que utópicos generamos,
porque rompe mi memoria
todo lo que fracasamos.
No puedo hablar de bondades
ni de los buenos momentos,
porque me quedan verdades
que son muy crueles tormentos.
Para hablar de cosas buenas
¡Ya tendré toda una vida!
Y hablaré - mi consentida -
de tus caricias tan plenas.
Y diré lo que sentía...
y gritaré esos momentos,
y lloraré la alegría...
que vivíamos tan contentos.
Lo que hoy voy a expresarte
es lo que es mi sufrimiento,
en versos que no son arte
pero exhiben sentimiento.
Que te casaras aquí,
me dices que él te pidió,
y que ya le diste el si,
porque así se te antojó.
Y para darme el castigo
que imaginas me merezco,
me invitaste de testigo,
pues el mejor te parezco.
Ya para finalizar dijiste
que pronto un hijo tendrás,
que será cual me pediste,
mas con él lo lograrás.
Y me dejaste sentirlo
para que el golpe acusara,
y me pareciste un mirlo,
con tu voz diáfana y clara.
Sentí perder mi cordura,
murmuré no sé que cosa,
te vi tan dura y hermosa,
que quizá sentí ternura.
Saque fuerza de flaqueza
y sin siquiera mirarte,
- tu perdona mi franqueza-
procedí a felicitarte.
Y después, ya de pasada
- dijiste cual mascarada -
que con él no quieres nada
y casarte es tu escapada.
Que aunque yo no te merezca
agonizas de quererme
y que quieres que padezca
el mal que te tiene inerme.
Voy a darte la razón,
si te casas sin desearlo
sé que lograrás amarlo
pues te sobra corazón.
Y si lo tomas de escape,
no te puedo decir nada,
tu fuiste mi más amada
y de eso no tengo escape.
¡Claro que sueño tu esencia!
¡Me perdí cuando te fuiste!
Y cierto: Sufro tu ausencia,
¡Pero tú así lo que quisiste!
Mas, no te concedo razón:
Yo venceré a estos fracasos
recogiendo en mil pedazos
a lo que fue un corazón.
Y también he de forzarme
en olvidarte en verdad
y en llenar la vaciedad
que tú lograste crearme.
Goza pues de tu venganza
¡Solázate en mi sufrimiento!
¡Vete! Disfrútala a ultranza
¡Mataste a mi sentimiento!
En fin, déjame anticiparlo:
Te esposarás por rencor
y sé que lograras amarlo
pues tu orgullo es tu rector.
Pero como ya ha pasado,
cuando tu enojo se enfríe
y veas lo que has logrado,
ya veremos quien se ríe.
Hablaste con fuego y llanto,
y que vas a casarte le dices
a aquél que te amaba tanto
y se te entregó sin matices.
Te reconozco pasión,
tu soberbia y la belleza
pues eras tú mi ilusión
y llenabas mi cabeza.
Más no reviviré la historia
que utópicos generamos,
porque rompe mi memoria
todo lo que fracasamos.
No puedo hablar de bondades
ni de los buenos momentos,
porque me quedan verdades
que son muy crueles tormentos.
Para hablar de cosas buenas
¡Ya tendré toda una vida!
Y hablaré - mi consentida -
de tus caricias tan plenas.
Y diré lo que sentía...
y gritaré esos momentos,
y lloraré la alegría...
que vivíamos tan contentos.
Lo que hoy voy a expresarte
es lo que es mi sufrimiento,
en versos que no son arte
pero exhiben sentimiento.
Que te casaras aquí,
me dices que él te pidió,
y que ya le diste el si,
porque así se te antojó.
Y para darme el castigo
que imaginas me merezco,
me invitaste de testigo,
pues el mejor te parezco.
Ya para finalizar dijiste
que pronto un hijo tendrás,
que será cual me pediste,
mas con él lo lograrás.
Y me dejaste sentirlo
para que el golpe acusara,
y me pareciste un mirlo,
con tu voz diáfana y clara.
Sentí perder mi cordura,
murmuré no sé que cosa,
te vi tan dura y hermosa,
que quizá sentí ternura.
Saque fuerza de flaqueza
y sin siquiera mirarte,
- tu perdona mi franqueza-
procedí a felicitarte.
Y después, ya de pasada
- dijiste cual mascarada -
que con él no quieres nada
y casarte es tu escapada.
Que aunque yo no te merezca
agonizas de quererme
y que quieres que padezca
el mal que te tiene inerme.
Voy a darte la razón,
si te casas sin desearlo
sé que lograrás amarlo
pues te sobra corazón.
Y si lo tomas de escape,
no te puedo decir nada,
tu fuiste mi más amada
y de eso no tengo escape.
¡Claro que sueño tu esencia!
¡Me perdí cuando te fuiste!
Y cierto: Sufro tu ausencia,
¡Pero tú así lo que quisiste!
Mas, no te concedo razón:
Yo venceré a estos fracasos
recogiendo en mil pedazos
a lo que fue un corazón.
Y también he de forzarme
en olvidarte en verdad
y en llenar la vaciedad
que tú lograste crearme.
Goza pues de tu venganza
¡Solázate en mi sufrimiento!
¡Vete! Disfrútala a ultranza
¡Mataste a mi sentimiento!
En fin, déjame anticiparlo:
Te esposarás por rencor
y sé que lograras amarlo
pues tu orgullo es tu rector.
Pero como ya ha pasado,
cuando tu enojo se enfríe
y veas lo que has logrado,
ya veremos quien se ríe.
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