chc
Christian
Vos y tus ojos
se pueden ir
de una vez por todas al cielo.
Sucede que acá,
en esta febril circunstancia
de pasar los días y las horas,
en esta endémica y fingida complicidad
que uno tiene con la muerte,
tus ojos, ya han desbaratado
más de uno
de todos mis destinos.
Da igual si,
por curiosas cuestiones naturales,
los cerrás
como puños en festejo
o los abrís
como manos sanadoras.
O si,
por naturales cuestiones tuyas,
se tornan
encumbradamente voraces
o amigables como una bufanda.
Me pasa que
-si me mirás-
no sé
de qué lado tengo la frente,
en qué oído tengo la orquesta,
para que me sirven las manos.
Digo que cuando allá
-en tus ojos-
todo es un cataclismo
de intemperante ternura,
acá
- así de cerca del disparate-
todo es una ternura
de intemperante no se qué.
Y cuando digo
que vos y tus ojos se pueden ir
de una vez por todas al cielo
me refiero, obviamente,
a que tus ojos se pueden ir,
vos
quedate al lado mío.
se pueden ir
de una vez por todas al cielo.
Sucede que acá,
en esta febril circunstancia
de pasar los días y las horas,
en esta endémica y fingida complicidad
que uno tiene con la muerte,
tus ojos, ya han desbaratado
más de uno
de todos mis destinos.
Da igual si,
por curiosas cuestiones naturales,
los cerrás
como puños en festejo
o los abrís
como manos sanadoras.
O si,
por naturales cuestiones tuyas,
se tornan
encumbradamente voraces
o amigables como una bufanda.
Me pasa que
-si me mirás-
no sé
de qué lado tengo la frente,
en qué oído tengo la orquesta,
para que me sirven las manos.
Digo que cuando allá
-en tus ojos-
todo es un cataclismo
de intemperante ternura,
acá
- así de cerca del disparate-
todo es una ternura
de intemperante no se qué.
Y cuando digo
que vos y tus ojos se pueden ir
de una vez por todas al cielo
me refiero, obviamente,
a que tus ojos se pueden ir,
vos
quedate al lado mío.