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Cicatrices

Carlos Aristy

Poeta que considera el portal su segunda casa
Cicatrices


Hace años que dije adiós al aroma
de amapolas de tu cuerpo,
pero esas memorias de antaño
reverberan con sus constancias
como el latir de una cicatriz.


El negro más negro de tu pelo,
la exquisita brillantez de tus ojos,
la dulzura industriosa de tu boca,
tu voz, mujer, tu voz al pronunciar mi nombre.
El estallido de tus poros al tocarte,
la tensión insostenible de tus músculos...


Una cicatriz viva y palpable existe en mi corazón
y arde en mi mente.
Aquí presente dirás te dejé marcado.
En tu odio más profundo, aún el amor ahonda.


¿Qué será de mí con tantos recuerdos iracundos?

¿Qué será de mi corazón con estos vientos
que llevan nubes con olores impregnables?


Hace años que te dije adiós y aún no lo comprendo.

Hay lecciones que hombres nunca aprenden.
Yo trato a cada momento que acaricio una flor,
de reconstruir cada universo, cada memoria,
y grabarla en lo más hondo de mi ser...


Si se pudiera, me pondría otro traje,
otra cara para ocultar la angustia del recuerdo.
Si se pudiera, tendría otros ojos, para guardar
la esencia de tu cuerpo en la más recóndita gaveta de mi mente,
y, ¡por Dios!, otras manos que delineen tu figura
y donde queden las esencias de tamarindo.


A veces soy un feto que llora en el vientre de mi madre...
 
Última edición por un moderador:
Cicatrices


Hace años que dije adiós al aroma
de amapolas de tu cuerpo,
pero esas memorias de antaño
reverberan con sus constancias
como el latir de una cicatriz.


El negro más negro de tu pelo,
la exquisita brillantez de tus ojos,
la dulzura industriosa de tu boca,
tu voz, mujer, tu voz al pronunciar mi nombre.
El estallido de tus poros al tocarte,
la tensión insostenible de tus músculos...


Una cicatriz viva y palpable existe en mi corazón
y arde en mi mente.
Aquí presente dirás te dejé marcado.
En tu odio más profundo, aún el amor ahonda.


¿Qué será de mí con tantos recuerdos iracundos?

¿Qué será de mi corazón con estos vientos
que llevan nubes con olores impregnables?


Hace años que te dije adiós y aún no lo comprendo.

Hay lecciones que hombres nunca aprenden.
Yo trato a cada momento que acaricio una flor,
de reconstruir cada universo, cada memoria,
y gravarla en lo más hondo de mi ser...



Si se pudiera, me pondría otro traje,
otra cara para ocultar la angustia del recuerdo.
Si se pudiera, tendría otros ojos, para guardar
la esencia de tu cuerpo en la más recondita gaveta de mi mente,
y, ¡por Dios!, otras manos que delineén tu figura
y donde queden las esencias de tamarindo.


A veces soy un feto que llora en el vientre de mi madre...



Carlos
Una poesía profundamente bella
realmente un honor leerla
en ella esas cicatrices que siempre reverberan
Estrellas y un saludo cordial
Ana
 
Gracias Ana por detenerte en ella. Como sabes el honor es mio por compartir con todos ustedes en esta nuestra casa.
Un abrazo desde mis isla.
 
Hay poemas ante los que uno reconoce trazos del mismo espejo.
Carlos, usted tiene el don de extrapolar las cicatrices en un marco
que fortalece la imagen lograda desde las entrañas.

Reciba mi fuerte abrazo literario.
¡Tuti mi querida poeta! Gracias por el calor de tu abrazo, cuánto lo extrañaba!
Y gracias por dejarme tan bello y profundo comentario. Siempre en mi corazón, abrazos.
 
Cicatrices


Hace años que dije adiós al aroma
de amapolas de tu cuerpo,
pero esas memorias de antaño
reverberan con sus constancias
como el latir de una cicatriz.


El negro más negro de tu pelo,
la exquisita brillantez de tus ojos,
la dulzura industriosa de tu boca,
tu voz, mujer, tu voz al pronunciar mi nombre.
El estallido de tus poros al tocarte,
la tensión insostenible de tus músculos...


Una cicatriz viva y palpable existe en mi corazón
y arde en mi mente.
Aquí presente dirás te dejé marcado.
En tu odio más profundo, aún el amor ahonda.


¿Qué será de mí con tantos recuerdos iracundos?

¿Qué será de mi corazón con estos vientos
que llevan nubes con olores impregnables?


Hace años que te dije adiós y aún no lo comprendo.

Hay lecciones que hombres nunca aprenden.
Yo trato a cada momento que acaricio una flor,
de reconstruir cada universo, cada memoria,
y gravarla en lo más hondo de mi ser...


Si se pudiera, me pondría otro traje,
otra cara para ocultar la angustia del recuerdo.
Si se pudiera, tendría otros ojos, para guardar
la esencia de tu cuerpo en la más recondita gaveta de mi mente,
y, ¡por Dios!, otras manos que delineén tu figura
y donde queden las esencias de tamarindo.


A veces soy un feto que llora en el vientre de mi madre...



¡ Ah,si se pudiera...!
Ha sido un verdadero placer encontrarme con tus versos
y contigo,Carlos.Dejas ,en esta mi mañana, poesía a lo grande
y sólo se me ocurre decir ¡ Belleza !
Un abrazo grande,grande...
 
¡ Ah,si se pudiera...!
Ha sido un verdadero placer encontrarme con tus versos
y contigo,Carlos.Dejas ,en esta mi mañana, poesía a lo grande
y sólo se me ocurre decir ¡ Belleza !
Un abrazo grande,grande...
No sabes el placer que me provoca tu comentario! La suerte que he tenido de ser encontrado por tres primorosas damas de la poesia, tu comentario y los dos de arriba!
Gracias y miles de abrazos desde mi isla.
 
Saludos Carlos Aristy.

Qué buen poema Carlos, con clase y finura, con sentimiento que llega y el recuerdo que no cede. Bello poema. Saludos. Cicatrices... título ad hoc.
 
Excelente poema hermano de unas imágenes
increíbles, plagado de metáfora en estado puro
un enorme placer leerte.Te mando un abrazo
desde Toledo (España) y mis cinco estrellas
para tan magna obra.
Gracias hermano por tan bello mensaje y por la lectura. Toledo es una hermosa ciudad que admiro, aunque desde lejos.
Un sincero abrazo desde mi isla.
 
Cicatrices


Hace años que dije adiós al aroma
de amapolas de tu cuerpo,
pero esas memorias de antaño
reverberan con sus constancias
como el latir de una cicatriz.


El negro más negro de tu pelo,
la exquisita brillantez de tus ojos,
la dulzura industriosa de tu boca,
tu voz, mujer, tu voz al pronunciar mi nombre.
El estallido de tus poros al tocarte,
la tensión insostenible de tus músculos...


Una cicatriz viva y palpable existe en mi corazón
y arde en mi mente.
Aquí presente dirás te dejé marcado.
En tu odio más profundo, aún el amor ahonda.


¿Qué será de mí con tantos recuerdos iracundos?

¿Qué será de mi corazón con estos vientos
que llevan nubes con olores impregnables?


Hace años que te dije adiós y aún no lo comprendo.

Hay lecciones que hombres nunca aprenden.
Yo trato a cada momento que acaricio una flor,
de reconstruir cada universo, cada memoria,
y gravarla en lo más hondo de mi ser...


Si se pudiera, me pondría otro traje,
otra cara para ocultar la angustia del recuerdo.
Si se pudiera, tendría otros ojos, para guardar
la esencia de tu cuerpo en la más recondita gaveta de mi mente,
y, ¡por Dios!, otras manos que delineén tu figura
y donde queden las esencias de tamarindo.


A veces soy un feto que llora en el vientre de mi madre...



Sr. Poeta, amigo Carlos... creo que sólo a través de la poesía, que cuanto más lograda más cerca está del lenguaje del inconciente, se pueden reconocer de modo tan bello los tropiezos del amor. Ahhhhh, cuántas mujeres y cuántos hombres hubiésemos necesitado-merecido, en determinadas coyunturas existenciales, reconocimientos como éste. Aquí está la voz de la experiencia y el grito genuino de la vivencia amasada en la "cocina" de la palabra. Es la vida misma y los aspectos paradójicos del amor -inevitables por cierto - los que nos llevan a llorar desde el vientre materno. Grande, enorme, tu poema. Felicitaciones y un abrazo.



Verás que reedito y sabrás comprenderme: me parece que te referís a grabar más que a gravar (salvo que estés utilizando la metáfora del impuesto, del gravamen). Luego, en la conjugación de "delinear", el acento está de más y está en falta en "recóndita". Pero como también la equivocada puedo ser yo -además de "obse"- ya sabés que podés reeditar según tu criterio. Gracias.



Un abrazo y espero que estés bien. Saludos, también, a tu querida hermana.
 
Última edición:
Tienes una expresión exquisita Carlos, felicidades amigo. Tus versos son inteligentes y están bañados de esa melancolía que perfora el alma.

Recibe un cordial saludo por favor.

Daniel.
 
Mi Ciela querida,
¡ Debí haberme casado contigo! No sólo para que me corrijas las continuas fallas del idioma, que día a día sufre en éste terruño norteño, sino también para que me controles
estas ganas de llorar de la edad media. Gracias por ser tú, te adoro. Un fuerte abrazo y
Un largo beso... de hermano!
 

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