Recuerdo ese tiempo en que la debilidad te llamaba,
y en como a partir de la luna, te fuiste desgajando
en cada uno de los siete colores del arcoiris.
Hasta que por fin, me habló el lenguaje de tus entrañas,
y lo hice tan mío, que se entrelazó con las hilachas de mi alma,
y la arrastró por las callejuelas de la nada,
y la revolcó hacía el enorme vacío donde todo era una razón,
como en la niñez de las eras, cuando los electrones
y los protones y los neutrones bailaban sin saber a dónde.
Y yo, barriendo las mareas, haciendo el caos
por culpa de estas espinas que tengo clavadas en mi cuello,
y desplegando el vuelo con plumaje de alas negras.
Hasta que un día, ahora yo escuche un llamado, y su nombre
era conciencia, y así, sin más ni más, dejé de jugar a ser
un pequeño y falso dios.
...Aprendizaje...
¿Y qué más?
Sólo la voracidad de un agujero negro y una lágrima que corre
por la hoja de una rama.
y en como a partir de la luna, te fuiste desgajando
en cada uno de los siete colores del arcoiris.
Hasta que por fin, me habló el lenguaje de tus entrañas,
y lo hice tan mío, que se entrelazó con las hilachas de mi alma,
y la arrastró por las callejuelas de la nada,
y la revolcó hacía el enorme vacío donde todo era una razón,
como en la niñez de las eras, cuando los electrones
y los protones y los neutrones bailaban sin saber a dónde.
Y yo, barriendo las mareas, haciendo el caos
por culpa de estas espinas que tengo clavadas en mi cuello,
y desplegando el vuelo con plumaje de alas negras.
Hasta que un día, ahora yo escuche un llamado, y su nombre
era conciencia, y así, sin más ni más, dejé de jugar a ser
un pequeño y falso dios.
...Aprendizaje...
¿Y qué más?
Sólo la voracidad de un agujero negro y una lágrima que corre
por la hoja de una rama.
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