viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tu cuerpo es mi atajo favorito
hacia el silencio de la conciencia.
Cuando llego malherido de respirar
la mugre del sudor ineludible.
Cubriendo tus vacíos
con la yema de mi flama,
con el ansia que dibuja
el abuso de soledad
y la inocencia ignorante
del indulto.
Soy calor generoso
que se deshilacha en la cama,
y se distribuye en pecados
empapando de mariposas
tus tesoros benditos.
El vértigo diluye
mi sonrisa sarcástica.
Y de fondo llora un acordeón,
feliz contable de tus ausencias.
Por que cada vez que huyes
me vuelvo más hombre,
y cada vez que regresas
llegas más mujer.
Brotando el secreto
de la primera persona
del plural.
Arrasas la sala de espera
con un alud de manjares
que se acerca suave
a mi cuerpo desnudo.
Para destilarlo en un licor
de labios y guindas;
de glúteos y lunas;
de manos y estrellas;
de ojos y noches;
de frutas prohibidas
con nombres impropios
de bocas y brasas.
Temperado con alientos de amante
en un alambique de piel.
Y apenas nada más,
tan sólo un te amo
prendido en el alféizar
de tu mirada,
como un señuelo infalible
para mi alma reincidente.
hacia el silencio de la conciencia.
Cuando llego malherido de respirar
la mugre del sudor ineludible.
Cubriendo tus vacíos
con la yema de mi flama,
con el ansia que dibuja
el abuso de soledad
y la inocencia ignorante
del indulto.
Soy calor generoso
que se deshilacha en la cama,
y se distribuye en pecados
empapando de mariposas
tus tesoros benditos.
El vértigo diluye
mi sonrisa sarcástica.
Y de fondo llora un acordeón,
feliz contable de tus ausencias.
Por que cada vez que huyes
me vuelvo más hombre,
y cada vez que regresas
llegas más mujer.
Brotando el secreto
de la primera persona
del plural.
Arrasas la sala de espera
con un alud de manjares
que se acerca suave
a mi cuerpo desnudo.
Para destilarlo en un licor
de labios y guindas;
de glúteos y lunas;
de manos y estrellas;
de ojos y noches;
de frutas prohibidas
con nombres impropios
de bocas y brasas.
Temperado con alientos de amante
en un alambique de piel.
Y apenas nada más,
tan sólo un te amo
prendido en el alféizar
de tu mirada,
como un señuelo infalible
para mi alma reincidente.