criogenesis
Poeta recién llegado
Se me enredan mis dedos
entretejiendo tus cabellos
para anudar en cada uno de ellos
un pensamiento de amor.
Y que así,
te acompañen en tu día,
en tu tarde y en tu noche.
Juego en mi mente a rozarlos,
acariciarlos suavemente,
mientras sólo la luna
es quien bebe, quien sabe
en qué sueñas, en qué piensas.
Y ahí en tu mente, la mía
agazapada se queda, muda,
sin buscarte, sin buscar.
Sólo esperándote, esperando,
sin esperar nada a cambio.
Sólo verte sonreír
mientras duermes, mientras sueñas.
Que ya mi alma en la espera,
ahí, donde ni mi mente ni mi boca
se atreven a preguntar,
ahí ya ella sola queda para amar.
Para amarte en tu distancia,
amarte en tus desencuentros,
amarte corazón en mano.
Tú eres mi amado,
mi razón de ser en este cuerpo
que no vibra
si no es con tu voz,
si no es con tus ojos.
Alas quisiera tener
para volar contigo.
Aire quisiera ser
y que me respires, vivo.
Y que en cada bocanada
tu ser recobre el aliento
y tu querencia por mi acento.
Que pronto mis sueños
dejen de serlo
y que pueda de cierto
tocar tu cabello, ya sin miedo,
y que tú vuelvas a acariciar el mío.
Y que así, sin palabras,
sin reproches, sin preguntas,
nuestros ojos se fundan
de nuevo allí donde los dejamos,
atrás en el tiempo
de nuestra más pura ilusión.
Allí donde ambos dejamos durmiendo
a este nuestro amor,
que no está muerto.
Volvamos allí,
yo desde siempre allí estoy,
allí siempre te espero.
Ven cuando puedas, mi amor.
entretejiendo tus cabellos
para anudar en cada uno de ellos
un pensamiento de amor.
Y que así,
te acompañen en tu día,
en tu tarde y en tu noche.
Juego en mi mente a rozarlos,
acariciarlos suavemente,
mientras sólo la luna
es quien bebe, quien sabe
en qué sueñas, en qué piensas.
Y ahí en tu mente, la mía
agazapada se queda, muda,
sin buscarte, sin buscar.
Sólo esperándote, esperando,
sin esperar nada a cambio.
Sólo verte sonreír
mientras duermes, mientras sueñas.
Que ya mi alma en la espera,
ahí, donde ni mi mente ni mi boca
se atreven a preguntar,
ahí ya ella sola queda para amar.
Para amarte en tu distancia,
amarte en tus desencuentros,
amarte corazón en mano.
Tú eres mi amado,
mi razón de ser en este cuerpo
que no vibra
si no es con tu voz,
si no es con tus ojos.
Alas quisiera tener
para volar contigo.
Aire quisiera ser
y que me respires, vivo.
Y que en cada bocanada
tu ser recobre el aliento
y tu querencia por mi acento.
Que pronto mis sueños
dejen de serlo
y que pueda de cierto
tocar tu cabello, ya sin miedo,
y que tú vuelvas a acariciar el mío.
Y que así, sin palabras,
sin reproches, sin preguntas,
nuestros ojos se fundan
de nuevo allí donde los dejamos,
atrás en el tiempo
de nuestra más pura ilusión.
Allí donde ambos dejamos durmiendo
a este nuestro amor,
que no está muerto.
Volvamos allí,
yo desde siempre allí estoy,
allí siempre te espero.
Ven cuando puedas, mi amor.