Vevero
Poeta reconocida en el portal
Viajo en el colectivo junto al que pasea su baba
cazadora de viernes que finaliza e intenta
demostrarnos lo estúpido de la rutina;
ahogada en la labia del gigoló que alucinó
con las calzas de su última conquista
y la vergüenza que nos llega al cuello
al enterarnos de lo vacua que es su vida.
Ahora, es otra la que llama a su marido estoico
que paciente la reclama,
mientras ella desecha excusas vanas
tratando de justificar su tardanza.
Las historias reclaman en mis manos,
pacientes y laboriosos soldados,
aferrados a la trinchera de la palabra
que cobra inusitado impulso con la nueva tinta.
Otra mujer, de mediana edad y contextura,
inquiere al del otro lado de la línea,
acerca de las actividades qué hará en su salida.
Presumo que dialoga con su hijo,
pero ¡sorpresa en el colectivo!,
la discusión es con su marido.
Otros duermen,
caída la cabeza en el vidrio
que tirita porque afuera es invierno
y hace frio
Algunos sueñan a pupila abierta
cuando un mensaje de texto les dibuja una sonrisa.
Solo yo, en este ensimismamiento
me percato de la tristeza que tiene
este viernes ceniciento.