Bender Carvajal
Poeta recién llegado
No dejarte morir nunca,
meterme en ese corazón tuyo
a nado por tu piel y por tu sangre,
cuidarte de mí por sobre todas las cosas
y prevenirte de esta eterna huesuda ausencia,
interceptar la invisibilidad de la muerte,
desatrofiar el cansancio de la vida
y ramificar la desenvoltura de tus ojos,
paloma antiaérea con vastedad de ingenuo aroma;
cuidar de ti como la cal
y que no te vayas en el empañamiento de mi reflejo,
que no deserte la estadía de tu quietud
ni confisque la marea tu belleza incomparable,
y que nada, pero absolutamente nada
te toque sin antes desmantelar este silencio.
No dejar que te vayas nunca
llamarada de escombros seminales
por donde derriba el tiempo y se deshacen lo ecos,
tallaré veredas con girasol de incienso
y donde haya que remunerar los arcoíris
estaré de pié para no dejarte morir nunca
ungido en ese corazón tuyo
a nado por tu piel y por tu sangre.
meterme en ese corazón tuyo
a nado por tu piel y por tu sangre,
cuidarte de mí por sobre todas las cosas
y prevenirte de esta eterna huesuda ausencia,
interceptar la invisibilidad de la muerte,
desatrofiar el cansancio de la vida
y ramificar la desenvoltura de tus ojos,
paloma antiaérea con vastedad de ingenuo aroma;
cuidar de ti como la cal
y que no te vayas en el empañamiento de mi reflejo,
que no deserte la estadía de tu quietud
ni confisque la marea tu belleza incomparable,
y que nada, pero absolutamente nada
te toque sin antes desmantelar este silencio.
No dejar que te vayas nunca
llamarada de escombros seminales
por donde derriba el tiempo y se deshacen lo ecos,
tallaré veredas con girasol de incienso
y donde haya que remunerar los arcoíris
estaré de pié para no dejarte morir nunca
ungido en ese corazón tuyo
a nado por tu piel y por tu sangre.