Que cada parpadeo, cada movimiento de tu triste triste retina
sea una fotografía de su habitación.
Aún inmóvil, aterrorizado ante la grandeza de un destino que no has elegido,
pero que se impone duro como el hambre,
sumérgete en la vida que de esas cuatro paredes se desprende.
Recoge en destellos de luz milésimas de amor profundo
que serán el escenario de tu futuras soledades.
Guarda en tu maleta de adiós y olvido, sus fotos,
su cama, su ropa, la rosa que le regalaste,
guarda el último roce de piel y parte...
Ese suicidio servirá para descansar en paz
durante tu letargo de resignación,
pero a la vez será el vendaval que agite las cenizas de tu amor muerto
para que en un futuro arda de nuevo.
Solo lanza por la ventana el cronómetro que te había esclavizado
y date tiempo...
date tiempo para poder sellar con eternidad
ese último momento.
sea una fotografía de su habitación.
Aún inmóvil, aterrorizado ante la grandeza de un destino que no has elegido,
pero que se impone duro como el hambre,
sumérgete en la vida que de esas cuatro paredes se desprende.
Recoge en destellos de luz milésimas de amor profundo
que serán el escenario de tu futuras soledades.
Guarda en tu maleta de adiós y olvido, sus fotos,
su cama, su ropa, la rosa que le regalaste,
guarda el último roce de piel y parte...
Ese suicidio servirá para descansar en paz
durante tu letargo de resignación,
pero a la vez será el vendaval que agite las cenizas de tu amor muerto
para que en un futuro arda de nuevo.
Solo lanza por la ventana el cronómetro que te había esclavizado
y date tiempo...
date tiempo para poder sellar con eternidad
ese último momento.