Alejandro Figueroa
Poeta recién llegado
Desde la antorcha de mis dedos
enfocando de la esperanza al hambre
el camino se secó pero se impregna
del esfuerzo que formó la lluvia
cuando la risa de la guerra estrepitosa
es un rayo que tragó el abismo.
Hoy mi piel será pulverizada tarde
por la puesta de sol que cegó los ojos,
el calambre del horror lo sintió de cerca
hasta el árbol que llegó más alto
porque los sueños ruedan tibios
por los prados de tu rostro frágil.
La rosa se hizo piedra entre escombros
que fabricó el miedo con barniz de pena,
yo soy la mano que te ofrezco
desde el azul que tiñó de risa tu encanto
y abrazo el pétalo que rescaté
desde esa noche mágica de luz y niebla.
El azar se volvió un muro áspero
dentro del cuerpo hecho de barro,
enredaderas se expanden por la pared
haciendo un círculo latente de energía
lo que dice que el agua es pura
y transparente en época de primavera.
enfocando de la esperanza al hambre
el camino se secó pero se impregna
del esfuerzo que formó la lluvia
cuando la risa de la guerra estrepitosa
es un rayo que tragó el abismo.
Hoy mi piel será pulverizada tarde
por la puesta de sol que cegó los ojos,
el calambre del horror lo sintió de cerca
hasta el árbol que llegó más alto
porque los sueños ruedan tibios
por los prados de tu rostro frágil.
La rosa se hizo piedra entre escombros
que fabricó el miedo con barniz de pena,
yo soy la mano que te ofrezco
desde el azul que tiñó de risa tu encanto
y abrazo el pétalo que rescaté
desde esa noche mágica de luz y niebla.
El azar se volvió un muro áspero
dentro del cuerpo hecho de barro,
enredaderas se expanden por la pared
haciendo un círculo latente de energía
lo que dice que el agua es pura
y transparente en época de primavera.
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