Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
DEGUSTACIÓN DE LA VIDA
Sabia manera,
desvestir el cuerpo
entre matorrales y arengas;
la carne, hábitat salvaje,
da a conocer al secreto su estructura.
Más allá de la sangre alguien siempre espera
con dos o tres ramos de olivos titilantes
y estrellas ardientes en sus manos.
Más de mil mañanas ya medidas y contadas
registran el único año
en un libro que solo es leíble
entre atrios y lámparas.
Toda eternidad -luz vociferante-
largos asombros, desdichas boquiabiertas,
un breve gozo ya desierto,
ínfimo arenal
entre la vastitud de un instante
que perece.
Sabia manera,
desvestir el cuerpo
entre matorrales y arengas;
la carne, hábitat salvaje,
da a conocer al secreto su estructura.
Más allá de la sangre alguien siempre espera
con dos o tres ramos de olivos titilantes
y estrellas ardientes en sus manos.
Más de mil mañanas ya medidas y contadas
registran el único año
en un libro que solo es leíble
entre atrios y lámparas.
Toda eternidad -luz vociferante-
largos asombros, desdichas boquiabiertas,
un breve gozo ya desierto,
ínfimo arenal
entre la vastitud de un instante
que perece.
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