Mi amada Alicia. Nada traemos al venir a este mundo, más que la sonrisa y el llanto. Pocos comienzan su vida riendo. Quizás por eso también pocos son los que se van sonriendo.
Reflexión costosa de aceptar, que nada poseemos y nada nos podemos llevar. Lo más difícil es luchar contra esas emociones que nos poseen en el buen o mal amar
Se nos va la vida, hay que reflexionar. Cada cual en su barco rumbo a alta mar, donde quizás seremos horizonte de recuerdos no más, o una línea invisible en la niebla, o ya quizás aquella nueva estrella que en la noche a la Tierra con nostalgia mirará
No nos corresponde a nosotros saber tanto. Tan solo aprender, que no nos duela amar o no ser amados, porque cuando somos amados los primeros en saberlo somos nosotros.
¡El amor no duele, tan solo su ausencia!
Cuando metemos un pececito en una pecera todo va bien y es lindo, pero si la pecera se rompe, ocurre la tragedia, nada queda, ni tan siquiera con lágrimas podemos volver a llenarla, quizás fuera un sueño ante nuestra mirada
El corazón es una hermosa pecera, que puede albergar a todos los pececitos de la Tierra, poner tan solo uno es arriesgar también nuestra existencia
El desapego es duro de conseguir, pero si se consigue entonces se ha aprendido a amar al día y a la noche, a la luna llena y a la nueva, al amanecer y al ocaso, porque acaso nos pertenece algo más que sentir el amor al amar
Cristo murió en manos de hombres, entregando todo su amor murió sin ser amado
Más se yo que en mí te ama, porque en el amor yo muero en mí y vivo al amarte.
En esa vital resurrección él se manifiesta a diario. No en vano nos dejó consejo: Amaos los unos a los otros como yo os amé
Por eso llorar a alguien que ha decidido no estar, no es justo. Porque Cristo si quería estar
A veces el mar nos hunde nuestro barquito, y en esos momentos hay que dar gracias por seguir en vida. Porque si nos dejamos arrastrar por todo lo que perdemos, el barco, nos arrastrará injustamente al mismo fondo
Escribes muy bello, al amor y al desamor, porque escribes muy bello tu tierno y sensible sentir.
A veces no basta mirar al cielo o a las sagradas escrituras. A veces simplemente debemos cerrar los ojos y abrir el oído del alma para escuchar esa voz interior
¡El verdadero, el único, el eterno amor hablando para nosotros!
¡Dios te guie mi amada amiga!
En mi paz quedas
Vidal