abcd
Poeta adicto al portal
El domingo esclaviza la sed del cristal en la piel,
posee un iris ilusorio tan alto como la noche
que escupe collares en un resto de silencio aún desnudo;
Y es un olvido tan frágil,
que no puede, ni sabe olvidar.
Calmar eso que es la pasión,
como segundo
que murió antes de nacer,
sería el oscuro penar que se dilata en sí mismo
y no ve el pensamiento llorando
en la rama de un enano aún gigante
con la primer cabeza que sueña entre algodones
y blanquea el anochecer con tímida esperanza.
¡Es híbrido el talón del vaso
donde cegué el río en barcos de pestañas farolas!
¿Qué es el amor? ¿Sabiduría o intención?
¿A dónde estalló el cometa que
venía emocionado por las respuestas de nuestro único corazón,
y las camas
para dormir los días sin paz en que no supimos escucharnos?
Es hermosa la sencillez del mundo en tu mundo.
Ni quiero que me abraces, quiero ser tus brazos...
Lo que duele es la lluvia
que no tiene cuerpo donde caer.
El tiempo la quiere en forma de grito,
al final de una gran avenida abierta al sol;
para que nada de lo incierto sea real,
para que todo lo que nos hablaba
nos silencié en la boca del uno, en el labio del dos...
posee un iris ilusorio tan alto como la noche
que escupe collares en un resto de silencio aún desnudo;
Y es un olvido tan frágil,
que no puede, ni sabe olvidar.
Calmar eso que es la pasión,
como segundo
que murió antes de nacer,
sería el oscuro penar que se dilata en sí mismo
y no ve el pensamiento llorando
en la rama de un enano aún gigante
con la primer cabeza que sueña entre algodones
y blanquea el anochecer con tímida esperanza.
¡Es híbrido el talón del vaso
donde cegué el río en barcos de pestañas farolas!
¿Qué es el amor? ¿Sabiduría o intención?
¿A dónde estalló el cometa que
venía emocionado por las respuestas de nuestro único corazón,
y las camas
para dormir los días sin paz en que no supimos escucharnos?
Es hermosa la sencillez del mundo en tu mundo.
Ni quiero que me abraces, quiero ser tus brazos...
Lo que duele es la lluvia
que no tiene cuerpo donde caer.
El tiempo la quiere en forma de grito,
al final de una gran avenida abierta al sol;
para que nada de lo incierto sea real,
para que todo lo que nos hablaba
nos silencié en la boca del uno, en el labio del dos...