Hay noches que la mar está tan quieta
que una daga no puede hacer que sangre
aunque clave su rabia entre las algas
o llene de agujeros a la espuma.
Hay noches que la mar está tan muda
que se escucha a lo lejos el grito de sus muertos,
el eco funerario de los siglos,
de los difuntos que sirvieron de alimento
a la voracidad del oleaje.
Hay noches que la mar está tan triste
que parece una lágrima del cielo
o tal vez las cenizas de una estrella.
que una daga no puede hacer que sangre
aunque clave su rabia entre las algas
o llene de agujeros a la espuma.
Hay noches que la mar está tan muda
que se escucha a lo lejos el grito de sus muertos,
el eco funerario de los siglos,
de los difuntos que sirvieron de alimento
a la voracidad del oleaje.
Hay noches que la mar está tan triste
que parece una lágrima del cielo
o tal vez las cenizas de una estrella.