Apareció un día en mi costa;
la Diosa que una vez supe adorar;
que con promesas y palabras cortas;
me ordenó construirle un altar.
En él deposité mi alma entera;
y en él mil sacrificios ofrecí;
creyendo en sus palabras altaneras;
de que siempre estaría para a mi.
O diosa clandestina que te has ido;
mi templo esta vacío sin tu altar;
y en donde alguna una vez te he adorado;
ahora una cripta ocupa su lugar;
Descanso en mi aposento oscuro y frío;
sabiendo que jamás te he de encontrar;
Oh Diosa que has tomado mi vida;
y por quien yo solía navegar.
Rompió su corazón en mil pedazos;
junto a mis ilusiones de cristal;
que alguna vez tomara entre en sus manos;
tan solo para arrojarlas al mar.
la Diosa que una vez supe adorar;
que con promesas y palabras cortas;
me ordenó construirle un altar.
En él deposité mi alma entera;
y en él mil sacrificios ofrecí;
creyendo en sus palabras altaneras;
de que siempre estaría para a mi.
O diosa clandestina que te has ido;
mi templo esta vacío sin tu altar;
y en donde alguna una vez te he adorado;
ahora una cripta ocupa su lugar;
Descanso en mi aposento oscuro y frío;
sabiendo que jamás te he de encontrar;
Oh Diosa que has tomado mi vida;
y por quien yo solía navegar.
Rompió su corazón en mil pedazos;
junto a mis ilusiones de cristal;
que alguna vez tomara entre en sus manos;
tan solo para arrojarlas al mar.
Última edición: