Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
...
En el horizonte ondulado y circular
Que mece casas de vecinos.
En el camino espolvoreado de sol.
En los hinojos dulces que lo escoltan.
En el grito previsor de los teru-teros.
En la infalible recepción de los ladridos.
En el bastión blanco a puro sacrificio,
-Que ha sido y es, la morada de mis padres.-
En la algarabía súbita de sus horneros.
En su jardín florido de ingenuidad materna.
En las divisas granates del ceibo vernáculo.
En la sombra patriarca del ibirá-pitá.
En el amparo susurrante de los eucaliptos.
En el tranquito holgazán del arroyo castaño.
En sus talas, espinillos, y sauces.
En los álamos, degolladores del ocaso.
En el ámbito sahumado por crujiente astilla.
En el alba, y su arado de rueda quejosa.
En el surco visceral y su semilla honesta.
En las telas de araña y su llanto escarchado.
En el relincho brioso y el mugido indolente.
En la disonante tertulia del corral.
Allá, en la Patria, mora mi niño de ojos vivos;
El que me presiente desde que me fui.
El que no se resigna a la resignación.
El que esperando por mí, no se hizo grande.
El que junto al armónico clamor de esa Patria,
Habré de recobrar muy pronto.
¡Harto! De ser: ese hombre adusto aquí,
A falta de ese niño cardinal Allá.
©Juan Oriental
En el horizonte ondulado y circular
Que mece casas de vecinos.
En el camino espolvoreado de sol.
En los hinojos dulces que lo escoltan.
En el grito previsor de los teru-teros.
En la infalible recepción de los ladridos.
En el bastión blanco a puro sacrificio,
-Que ha sido y es, la morada de mis padres.-
En la algarabía súbita de sus horneros.
En su jardín florido de ingenuidad materna.
En las divisas granates del ceibo vernáculo.
En la sombra patriarca del ibirá-pitá.
En el amparo susurrante de los eucaliptos.
En el tranquito holgazán del arroyo castaño.
En sus talas, espinillos, y sauces.
En los álamos, degolladores del ocaso.
En el ámbito sahumado por crujiente astilla.
En el alba, y su arado de rueda quejosa.
En el surco visceral y su semilla honesta.
En las telas de araña y su llanto escarchado.
En el relincho brioso y el mugido indolente.
En la disonante tertulia del corral.
Allá, en la Patria, mora mi niño de ojos vivos;
El que me presiente desde que me fui.
El que no se resigna a la resignación.
El que esperando por mí, no se hizo grande.
El que junto al armónico clamor de esa Patria,
Habré de recobrar muy pronto.
¡Harto! De ser: ese hombre adusto aquí,
A falta de ese niño cardinal Allá.
©Juan Oriental
::