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Un pastor cualquiera

joanmoypra

Poeta que considera el portal su segunda casa
Voy a contar una historia
de un pastor que vi en mi tierra
con el que juntos andamos
por senderos de la sierra.

Quiso la casualidad que
de Enero en una fría mañana,
cuando hacia el campo salía
pastoreando le encontrara.

Llevaba un callado largo
y un zurrón sobre su espalda,
y un mastín le acompañaba
como fiel amigo y del rebaño,
su implacable guarda.

Un variopinto conjunto
de ovejas corderos y cabras,
arremolinadas estaban,
junto a un barbecho rumiando
una poca yerba verde que
estaba empapada en agua,
la misma que el sol convierte
a la fría y triste escarcha.

Como el tiempo me sobraba
y el sol calentaba un poco,
hice un alto en el camino y
tome la decisión de ir a parlotear
con el solitario pastor un poco,
sobre esta ancestral profesión
y que conocemos muy poco.

Me conto que en su País
los campos eran desiertos y que
el pastoreaba los rebaños de camellos,
que para su territorio se adaptan
mucho mejor que estos,
cabras alguna había y corderos
unos pocos, para llegado el Ramadan
después del ayuno obligado,
comérselos como locos.

Estuvimos paseando entre algunos
peñascales por los que iban de uno
en uno todos estos animales,
solo con el ladrido oír del perro,
al que decían ,cascales.

Me explicó con añoranza
la diferencia que había,
entre la profesión que dejo
y la que ahora tenia,
y que aunque parecidas eran
por nada las cambiaria,
tan solo la necesidad le hizo venir aquí
para intentar mejorar, la miserable vida
que en su País tenia.

Con un apretón de manos y
un mordisco de buen queso,
nos despedimos sin más, que
el paseo había ido demasiado lejos,
y debía regresar a comer
si quería llegar a viejo,
“porque un cuerpo que anda mucho
y come poco se quedara en el pellejo”.

Cuando aprisita bajaba para
encontrar el camino,
recordé que con el queso
lo mejor es el buen vino,
lo diga la religión o lo diga mi vecino,
y al ver que nuestras ovejas
de religiones no entienden,
da lo mismo que las cuiden
a los troles o los duendes,
su final siempre será la barriga
del que la parrilla enciende.


Joanmoypra/diciembre/2011
 
voy a contar una historia
de un pastor que vi en mi tierra
con el que juntos andamos
por senderos de la sierra.

Quiso la casualidad que
de enero en una fría mañana,
cuando hacia el campo salía
pastoreando le encontrara.

Llevaba un callado largo
y un zurrón sobre su espalda,
y un mastín le acompañaba
como fiel amigo y del rebaño,
su implacable guarda.

Un variopinto conjunto
de ovejas corderos y cabras,
arremolinadas estaban,
junto a un barbecho rumiando
una poca yerba verde que
estaba empapada en agua,
la misma que el sol convierte
a la fría y triste escarcha.

Como el tiempo me sobraba
y el sol calentaba un poco,
hice un alto en el camino y
tome la decisión de ir a parlotear
con el solitario pastor un poco,
sobre esta ancestral profesión
y que conocemos muy poco.

Me conto que en su país
los campos eran desiertos y que
el pastoreaba los rebaños de camellos,
que para su territorio se adaptan
mucho mejor que estos,
cabras alguna había y corderos
unos pocos, para llegado el ramadan
después del ayuno obligado,
comérselos como locos.

Estuvimos paseando entre algunos
peñascales por los que iban de uno
en uno todos estos animales,
solo con el ladrido oír del perro,
al que decían ,cascales.

Me explicó con añoranza
la diferencia que había,
entre la profesión que dejo
y la que ahora tenia,
y que aunque parecidas eran
por nada las cambiaria,
tan solo la necesidad le hizo venir aquí
para intentar mejorar, la miserable vida
que en su país tenia.

Con un apretón de manos y
un mordisco de buen queso,
nos despedimos sin más, que
el paseo había ido demasiado lejos,
y debía regresar a comer
si quería llegar a viejo,
“porque un cuerpo que anda mucho
y come poco se quedara en el pellejo”.

Cuando aprisita bajaba para
encontrar el camino,
recordé que con el queso
lo mejor es el buen vino,
lo diga la religión o lo diga mi vecino,
y al ver que nuestras ovejas
de religiones no entienden,
da lo mismo que las cuiden
a los troles o los duendes,
su final siempre será la barriga
del que la parrilla enciende.


joanmoypra/diciembre/2011


preciosoooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!
Me encanto, y el final perfecto.
Saludos amigo joan.
 
Voy a contar una historia
de un pastor que vi en mi tierra
con el que juntos andamos
por senderos de la sierra.

Quiso la casualidad que
de Enero en una fría mañana,
cuando hacia el campo salía
pastoreando le encontrara.

Llevaba un callado largo
y un zurrón sobre su espalda,
y un mastín le acompañaba
como fiel amigo y del rebaño,
su implacable guarda.

Un variopinto conjunto
de ovejas corderos y cabras,
arremolinadas estaban,
junto a un barbecho rumiando
una poca yerba verde que
estaba empapada en agua,
la misma que el sol convierte
a la fría y triste escarcha.

Como el tiempo me sobraba
y el sol calentaba un poco,
hice un alto en el camino y
tome la decisión de ir a parlotear
con el solitario pastor un poco,
sobre esta ancestral profesión
y que conocemos muy poco.

Me conto que en su País
los campos eran desiertos y que
el pastoreaba los rebaños de camellos,
que para su territorio se adaptan
mucho mejor que estos,
cabras alguna había y corderos
unos pocos, para llegado el Ramadan
después del ayuno obligado,
comérselos como locos.

Estuvimos paseando entre algunos
peñascales por los que iban de uno
en uno todos estos animales,
solo con el ladrido oír del perro,
al que decían ,cascales.

Me explicó con añoranza
la diferencia que había,
entre la profesión que dejo
y la que ahora tenia,
y que aunque parecidas eran
por nada las cambiaria,
tan solo la necesidad le hizo venir aquí
para intentar mejorar, la miserable vida
que en su País tenia.

Con un apretón de manos y
un mordisco de buen queso,
nos despedimos sin más, que
el paseo había ido demasiado lejos,
y debía regresar a comer
si quería llegar a viejo,
“porque un cuerpo que anda mucho
y come poco se quedara en el pellejo”.

Cuando aprisita bajaba para
encontrar el camino,
recordé que con el queso
lo mejor es el buen vino,
lo diga la religión o lo diga mi vecino,
y al ver que nuestras ovejas
de religiones no entienden,
da lo mismo que las cuiden
a los troles o los duendes,
su final siempre será la barriga
del que la parrilla enciende.


Joanmoypra/diciembre/2011

Me alegro que te haya gustado,
y te agradezco el cumplido,
pero lo más importante es
seguir con el trabajo y
sentirse agradecido, a todos
aquellos que como tu me
consideran su amigo.

Un cordial y afectuoso saludo de:
joanmoypra
 
preciosoooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!
Me encanto, y el final perfecto.
Saludos amigo joan.


Me alegro te haya gustado
y te agradezco el cumplido,
pero lo más importante es
seguir con el trabajo y
sentirse agradecido,
a todos aquellos que como tu
me considera su amigo.

Un cordial y afectuoso saludo de:
joanmoypra
 

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