El mendigo

Capasa

Poeta que considera el portal su segunda casa
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EL MENDIGO

Arrastrando los pies y cabizbajo
se desliza por las calles en silencio.
Con un gesto te pide una limosna
y hay quien se la niega con desprecio.


Todo su mundo está en aquel carro,
que lo arrastra tras él como su sombra.
Subsistiendo entre bancos y cartones
ya nadie lo recuerda, ni lo nombra.


A veces con la fiereza de un oso
gruñendo entre dientes y sin sentido
lleva una letanía incompresible,
de palabras y gritos contenidos.


Sólo el aire le acaricia la cara
en medio de aquel mar de transeúntes,
fríos, distantes, a su lado pasan,
sin que nadie por su vida le pregunte.


Ya no habitan en su mente los sueños,
se cobija a la orillas de la muerte.
La botella en sus manos, como amiga
lo consúela, en la noche, de su suerte.


El tiempo va en su contra y lo arrastra,
y el implacable reloj lo atenaza.
Se desentiende y olvida del futuro
y va perdiendo toda su esperanza.


Fugitivo de amores y de techo
es mendigo de albergues y consuelo.
Sin sombra que le siga ya los pasos,
se abrazará desnudo sobre el suelo.


Quizás las hojas del otoño cubran
esa desnudez de su alma herida
y suplan con sus roces esos besos,
que perdió a lo largo de la vida.


La indiferencia contempla su viaje
desfilando entre asfalto y cemento
y somos todos fríos maniquíes
ajenos al dolor y al sufrimiento.
 
Última edición:
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EL MENDIGO

Arrastrando los pies y cabizbajo
se desliza por las calle en silencio.
Con un gesto te pide una limosna
y hay quien lo miran con desprecio.

Todo su mundo esta en aquel carro,
que arrastra tras el como una sombra.
Subsistiendo entre bancos y cartones
ya nadie lo mira, ni lo nombra.

A veces con la fiereza de un oso
gruñe entre dientes y sin sentido
una letanía incompresible,
de palabras y gritos contenidos.

Solo el aire le acaricia la cara
en medio de aquel mar de transeúntes,
que fríos y distantes a su lado pasan,
sin nadie, que por su vida le pregunte.

Ya no habitan en el, los sueños
se cobija a la orillas de la muerte.
La botella en sus manos, como amiga
lo consuela por la noche, de su suerte.

El tiempo en su contra ya lo arrastra,
junto al reloj implacable lo atenaza,
Se desentiende y se olvida del futuro
y va perdiendo toda su esperanza.

Fugitivo de amores y de techo
mendigo de albergues y consuelo
Sin sombra que le siga ya los pasos
se abraza desnudo sobre el suelo.

Quizás las hojas del otoño cubran
la desnudez de su alma herida
y suplan con su roce, esos besos,
que perdió a lo largo de la vida.

La indiferencia contempla su viaje
desfilando entre asfalto y cemento
y nos hace a todos fríos maniquíes
ajenos al dolor y al sufrimiento.




¡Grandioooosoooo, y ernooooorme! El poema es un maravilla. Echo en falta, y el escrito lo merece, haber afinado más en las faltas de ortografía, y en algunas comas, que yo hubiera puesto en otro lugar; aunque leído con disposición, tiene un ritmo soberbio. Excelente para mi gusto, y merecedor de todas las estrellas… y más. Un abrazo Capasa
 
Tremendo poema que hace su critica social a esta sociedad sin valores que solo busca sus reales para vivir a lo ancho sin mirar a los que viven en la estreches de su pobreza,sin futuro y sin esperanza.
 
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EL MENDIGO

Arrastrando los pies y cabizbajo
se desliza por las calles en silencio.
Con un gesto te pide una limosna
y hay quien lo mira con desprecio.


Todo su mundo está en aquel carro,
que lo arrastra tras él como su sombra.
Subsistiendo entre bancos y cartones
ya nadie lo siente, ni lo nombra.


A veces con la fiereza de un oso
gruñendo entre dientes y sin sentido
lleva una letanía incompresible
de palabras y gritos contenidos.


Sólo el aire le acaricia la cara
en medio de aquel mar de transeúntes,
fríos, distantes, a su lado pasan
sin que nadie por su vida le pregunte.


Ya no habitan en su mente los sueños,
se cobija a la orillas de la muerte.
La botella en sus manos como amiga
lo consuela, en la noche, de su suerte.


El tiempo va en su contra y lo arrastra,
y el implacable reloj lo atenaza.
Se desentiende y olvida del futuro
y va perdiendo toda su esperanza.


Fugitivo de amores y de techo
es mendigo de albergues y consuelo.
Sin sombra que le siga ya los pasos
se abrazará desnudo sobre el suelo.


Quizás las hojas del otoño cubran
esa desnudez de su alma herida
y suplan con sus roces esos besos,
que perdió a lo largo de la vida.


La indiferencia contempla su viaje
desfilando entre asfalto y cemento
y somos todos fríos maniquíes

ajenos al dolor y al sufrimiento.

¡Guau, Carmen! ¡Hermosísimo!
Mi más sincera felicitación. Un poema con maestría...
Un abrazo, amiga.
Xosé.
 
Vaya poema bonito Carmen, de una andaluza tenia que ser....ole y ole tu......viva la madre que te pario y a mi tambien.......................Un saludo muy cariñoso.y estrellitas por el tema, la forma y el dibujo
 
Si es cierto, se asemejan bastante, veo que tenemos un sentimiento en comÚn, es hermoso su trabajo, hablaremos pronto
 
Carmen que poesía de lujo que has colgado y si no es porque me gusta repasar las paginas no la veía nunca, te envió mis respetos, un beso y todo el afecto ya que una persona que escribe de esta manera y a esta gente eso y mas merece, un beso, estrellas reputación.
 
Carmen que poesía de lujo que has colgado y si no es porque me gusta repasar las paginas no la veía nunca, te envió mis respetos, un beso y todo el afecto ya que una persona que escribe de esta manera y a esta gente eso y mas merece, un beso, estrellas reputación.
Gracias Saul por tus amables palabras un abrazo Carmen
 

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