Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Apostólico
Hay un mar llamado Tiberiades
donde los peces hablan
sobre sus olas verdes,
con azules cintas
en las velas fieles.
Es un mar de citas
donde el marino suele…
Unos perros ladran,
el apostal bebe,
y cree ver al maestro…
Sobre el agua llueve.
Sé que es una charca,
nada, y nada es vuestro,
sé que no se puede,
navegar sin barca,
¡ni pescar sin redes!
Y llegó aquél otro
pregonando panes,
bautizando lodos,
rematando planes;
bautizó al primero
quien le dijo loco,
que en esta cabeza,
grande en su rareza
y a un Jordán coloco.
Pero fue al revés,
primero el remojo,
después Genesaret;
y tentaciones tuvo
en el desierto duro,
y dijo venid,
dejad que se acerquen a mí.
¿Para qué señor?
¿qué les dirás de ti?
Mentiras no,
que los niños puros
todo niños son;
y si hay alguno
en el impuro don,
ya sabrá qué es mundo
en el instante adiós.
Y bebió el apóstol,
y volvió a beber,
olvidó a sus niños,
que tenía mujer;
y siguió bebiendo,
en el río miel,
se quedó durmiendo,
y un ángel le cuenta
que en su tierra santa,
todo está creciendo
sin el papa manta.
Levántate y anda
apóstol bebedor,
que un Jesús te lo manda,
y hacer caso es ser mayor;
que fue sólo bufanda
y ahora toca al comedor,
pintar como dios panda
para el hijo Salvador.
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