UNA LÁGRIMA, MIL VIDAS.
Eleazar Peña Cervantes (Ele...)
Recuerdo tu rostro marcado en el viento.
Recuerdo el silencio en tu mirada.
Recuerdo tu aroma a jazmín en primavera,
y esa sonrisa inocente y despistada.
Recuerdo el rincón de polvo y soledad,
y la espera eterna por morir.
Recuerdo ese vacío en mi interior,
por la vida que me quitaste al partir.
Y miré por la ventana un cielo azul,
que no era más que soledad.
Y temí salir de mi rincón,
donde moraba en ansiedad.
Y viví en el olvido lentamente,
aún hasta el día de mi muerte,
cuando al fin supe mi destino,
diciendo a gritos - no podía tenerte-
Y cada aguja en mi corazón,
se disolvió sublime.
Jamás se fue el dolor,
jamás pude irme.
Y los muros se redujeron a mí alrededor,
y se acabo mi aire.
Y morí pensando en ti,
morí al recordarte.
El polvo del suelo me cubrió,
llenando mis pulmones de nostalgia,
al no ver en mis ojos y sus ayeres,
un solo rayo de esperanza.
Y mis manos se consumieron,
aun mi cuerpo y mi recuerdo.
Y en mi mente existió tu voz,
llamándome en silencio.
Y cada hora fue un milenio,
y cada lagrima mil vidas.
Cada noche un gran tormento,
cada día una existencia perdida.
Mi piel olvido lo que es sentir.
Mis manos olvidaron lo que es tocar.
Mis ojos dejaron de ver,
pues no tenían que mirar.
Y olvide el aroma de tu piel.
Y olvide el aroma de tu presencia.
Mis oídos no escucharon más tu voz,
ni esa risa de inocencia.
Y descubrí que no estaba muerto,
que solo estaba ahí pretendiendo no estar,
que nunca había existido,
y que te dejé de amar.
Eleazar Peña Cervantes (Ele...)
Recuerdo tu rostro marcado en el viento.
Recuerdo el silencio en tu mirada.
Recuerdo tu aroma a jazmín en primavera,
y esa sonrisa inocente y despistada.
Recuerdo el rincón de polvo y soledad,
y la espera eterna por morir.
Recuerdo ese vacío en mi interior,
por la vida que me quitaste al partir.
Y miré por la ventana un cielo azul,
que no era más que soledad.
Y temí salir de mi rincón,
donde moraba en ansiedad.
Y viví en el olvido lentamente,
aún hasta el día de mi muerte,
cuando al fin supe mi destino,
diciendo a gritos - no podía tenerte-
Y cada aguja en mi corazón,
se disolvió sublime.
Jamás se fue el dolor,
jamás pude irme.
Y los muros se redujeron a mí alrededor,
y se acabo mi aire.
Y morí pensando en ti,
morí al recordarte.
El polvo del suelo me cubrió,
llenando mis pulmones de nostalgia,
al no ver en mis ojos y sus ayeres,
un solo rayo de esperanza.
Y mis manos se consumieron,
aun mi cuerpo y mi recuerdo.
Y en mi mente existió tu voz,
llamándome en silencio.
Y cada hora fue un milenio,
y cada lagrima mil vidas.
Cada noche un gran tormento,
cada día una existencia perdida.
Mi piel olvido lo que es sentir.
Mis manos olvidaron lo que es tocar.
Mis ojos dejaron de ver,
pues no tenían que mirar.
Y olvide el aroma de tu piel.
Y olvide el aroma de tu presencia.
Mis oídos no escucharon más tu voz,
ni esa risa de inocencia.
Y descubrí que no estaba muerto,
que solo estaba ahí pretendiendo no estar,
que nunca había existido,
y que te dejé de amar.