Susana Lorente
Poeta recién llegado
Como esas incisiones profundas que dejan irse el gusto
de los días...
La rúbrica baja del mundo, cruel lienzo bordado por las horas.
Más allá de mí, el rizo de la noche que abraza tu sueño
y la despedida de la luna, ante el nácar de sol
del que es imposible borrar su hálito de fantasma.
Tejen tus labios el viento, ondean los trajes malhumorados
pidiendo renuncias, para nada:
que el hielo abrase, que las llamas heladas.
El cuero en el que reposa la mancha de sangre,
el eco en el plato donde cae la sombra de la hoguera,
tu voz en la tormenta, en la que el animal se resguarda como una caricia
en la espalda de la gota que refresca.
El mar no puede saciar su propia sed,
poder infinito, pliegue del gesto que te dibujo como un olvido,
mientras las sábanas del nocturno desierto gozan deshojando mi talle.
Susana Lorente
de los días...
La rúbrica baja del mundo, cruel lienzo bordado por las horas.
Más allá de mí, el rizo de la noche que abraza tu sueño
y la despedida de la luna, ante el nácar de sol
del que es imposible borrar su hálito de fantasma.
Tejen tus labios el viento, ondean los trajes malhumorados
pidiendo renuncias, para nada:
que el hielo abrase, que las llamas heladas.
El cuero en el que reposa la mancha de sangre,
el eco en el plato donde cae la sombra de la hoguera,
tu voz en la tormenta, en la que el animal se resguarda como una caricia
en la espalda de la gota que refresca.
El mar no puede saciar su propia sed,
poder infinito, pliegue del gesto que te dibujo como un olvido,
mientras las sábanas del nocturno desierto gozan deshojando mi talle.
Susana Lorente