Para un soldado perdido

Jeison

Poeta fiel al portal


Al Teniente Milanés


1. El encuentro

Tuvimos ocasiones en donde una palabra
bastaba para odiarnos.
Tú, sigilosamente, colocabas tu lengua
sobre la gorra verde que llevaba tu ejército
y mirabas mi boca
como queriendo ahogarla
como queriendo hundirla entre reatas y púas:
Tus dientes: opúsculos de piratas y llanto.

2. La pérdida

Sin embargo, el veneno nos dio alivio.
Y fue pulsera criolla
Y fue hambre desatada.
Ya no fueron tus dientes sin los míos
ni tu boca sin labios en mis labios.
Desde luego, mi voz
empezó a transitar tu voz dorada
y la pérdida fue un encuentro constante,
pero ¿qué? sin nosotros
pero ¿cuándo? en aquellos.
Ya habíamos fallado unas setenta veces
antes de concurrir a la setenta y una,
por eso ningún soplo pudo apagar las velas
que encendimos más tarde en navidad
y nos tocó enterrar para fechas de pascua.
«Tengo hijos, dijiste.
Tengo padre, te dije»

3. Días felices

Y así los chocolates fueron cuevas de sexo.
No existe otra respuesta para el gusto
que obtuve con tus brazos amarrando mis brazos
o tu gorra ejerciendo poder sobre mi cuello,
mi cabeza cansada de tanto tirar sombras
que luego, por tu abdomen,
irían a parar hacia no sé qué parte.

Aún veo los pájaros picoteando la arena
y los búhos que echabas de la carpa
en donde muchas veces acampamos desnudos
buscando una epidemia,
tú en mi cuerpo y a veces yo en el tuyo.

4. La desaparición

Te espero todavía con los ojos cerrados
y un juego de ajedrez sobre la mesa.
Te espero sin espera y con paciencia,
como quien ve a la oruga levantarse
y arrastrar junto a sí su mariposa.

Yo no puedo creer en algo que no sea
la escarcha que lanzamos sobre Luchi
o las calles tejidas por nuestras borracheras;
las luciérnagas muertas que alumbraban tu boca
en medio de un intento
por donar margaritas a los niños perdidos.
Tú más que nadie sabe lo que es esta carta.
Tú más que nadie sabe
cuántas veces rogué sobre tu pecho
diciendo “no te vayas”
y te fuiste,
te fuiste sin decir y sin decírmelo.
Pues bien, ahora yo, del mismo modo
me iré sin que tú sepas si te busco o espero
o si te espero o busco lo esperado.


Jeison Villalba.
 
Oh, Jeiiii... tu poesía es capaz de capturar las escenas más cotidianas y al mismo tiempo más indescifrables de la cuestión amorosa. Ay, del amor, Jei, y ay de tus versos que nos introducen en un film fascinante, intensamente íntimo y melancólico.

Un abrazo argentino.
 


Al Teniente Milanés



1. El encuentro

Tuvimos ocasiones en donde una palabra
bastaba para odiarnos.
Tú, sigilosamente, colocabas tu lengua
sobre la gorra verde que llevaba tu ejército
y mirabas mi boca
como queriendo ahogarla
como queriendo hundirla entre reatas y púas:
Tus dientes: opúsculos de piratas y llanto.

2. La pérdida

Sin embargo, el veneno nos dio alivio.
Y fue pulsera criolla
Y fue hambre desatada.
Ya no fueron tus dientes sin los míos
ni tu boca sin labios en mis labios.
Desde luego, mi voz
empezó a transitar tu voz dorada
y la pérdida fue un encuentro constante,
pero ¿qué? sin nosotros
pero ¿cuándo? en aquellos.
Ya habíamos fallado unas setenta veces
antes de concurrir a la setenta y una,
por eso ningún soplo pudo apagar las velas
que encendimos más tarde en navidad
y nos tocó enterrar para fechas de pascua.
«Tengo hijos, dijiste.
Tengo padre, te dije»

3. Días felices

Y así los chocolates fueron cuevas de sexo.
No existe otra respuesta para el gusto
que obtuve con tus brazos amarrando mis brazos
o tu gorra ejerciendo poder sobre mi cuello,
mi cabeza cansada de tanto tirar sombras
que luego, por tu abdomen,
irían a parar hacia no sé qué parte.

Aún veo los pájaros picoteando la arena
y los búhos que echabas de la carpa
en donde muchas veces acampamos desnudos
buscando una epidemia,
tú en mi cuerpo y a veces yo en el tuyo.

4. La desaparición

Te espero todavía con los ojos cerrados
y un juego de ajedrez sobre la mesa.
Te espero sin espera y con paciencia,
como quien ve a la oruga levantarse
y arrastrar junto a sí su mariposa.

Yo no puedo creer en algo que no sea
la escarcha que lanzamos sobre Luchi
o las calles tejidas por nuestras borracheras;
las luciérnagas muertas que alumbraban tu boca
en medio de un intento
por donar margaritas a los niños perdidos.
Tú más que nadie sabe lo que es esta carta.
Tú más que nadie sabe
cuántas veces rogué sobre tu pecho
diciendo “no te vayas”
y te fuiste,
te fuiste sin decir y sin decírmelo.
Pues bien, ahora yo, del mismo modo
me iré sin que tú sepas si te busco o espero
o si te espero o busco lo esperado.


Jeison Villalba.


Qué decirte estoy sin palabras siempre me robas esa inocencia, te he dicho cuanto te quiero, mil besos
 
Oh, Jeiiii... tu poesía es capaz de capturar las escenas más cotidianas y al mismo tiempo más indescifrables de la cuestión amorosa. Ay, del amor, Jei, y ay de tus versos que nos introducen en un film fascinante, intensamente íntimo y melancólico.

Un abrazo argentino.

Qué decirte estoy sin palabras siempre me robas esa inocencia, te he dicho cuanto te quiero, mil besos

Lo habia leído.

Y lo que me impacta es tu descripciones tan llenas de dolor y melancolía.

Saludos

Gala Grosso

Quisiera decir algo más que 'gracias', algo que aluda a lo que estoy sintiendo sin desprender de mí lágrimas. Le pasó a Kafka lo que a mí: se separó. Fue demasiado lejos en la soledad y supo, (tuvo que saber) que de allí no se vuelve.

Lo siento, hoy no estoy APTO para responder a los comentarios.
Beso.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba