joanmoypra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por una triste vereda
entre los olmos del rio,
paseando va un anciano
en este Otoño sombrío,
con las manos arrugadas
y en una de ellas temblorosa
un cayado sujetaba,
que unido a la tierra parecía
un cordón umbilical
que la misma con el tiempo
su cuerpo reclamaría.
Con pasos descompasados
tan cortos que parecían,
que de un momento a otro
su humilde figura gris
por el suelo rodaría;
con la mirada perdida
en la brumosa espesura,
y su vestido empapado
por la humedad que la niebla
en la zona desprendía,
su aliento se iba agotando
como se agotaba su vida.
Nadie sabrá nunca jamás
cuales eran esos recuerdos
que en su cabeza bullían,
de lo que seguro si estoy
es de los muchos años
que este pobre anciano
sobre su cuerpo tenia;
años estos de trabajos,
sacrificios y fatigas,
para sacar a su familia
del atraso y la penuria
en que vivían,
en aquellos tiempos pasados
que olvidarse no podía.
Este desvalido anciano
que en su lejano pasado
fue un niño de los de antes,
niños de la otra España
esa que pasaba hambre,
y a si pasaba su vida
entre miseria y desastres,
para ahora recoger
indiferencia y desaires.
¿ Habrá merecido la pena
todo el esfuerzo realizado
por esos hombres y mujeres
que han estado sirviéndonos
sin exigirnos nada a cambio?,
y a los que nosotros sus herederos
hemos dejado guardados
en lugares olvidados,
dejando a los que nos cuidaron
tristes, y al final abandonados,
por aquellos que cuando niños
siempre los tuvieron a su lado.
Y será cuando al final
y el último aliento hayan dado,
y sus almas inmortales sigan
en este mundo malvado,
cuando vean la ruindad
y el egoísmos que adorna
a muchos de los que
nos denominamos civilizados;
sentirán con decepción
como a los que más querían,
se reparten sus miserias
o las grandes alegrías,
lo mismo que le sucedió
a Jesús el Nazareno
con aquellos soldados romanos
y que a él crucificaron,
para luego repartirse
lo poco que disponía
sin poner ningún reparo;
y sin embargo después
del injusto trato que
con el crucificado tuvieron,
todos fueron perdonados
desde el ultimo al primero,
al igual que nos perdonan
nuestros desvalidos ancianos
cuando este mundo abandonan,
el sufrimiento que por nosotros
padecieron en su persona.
Joanmoypra/diciembre/2009
entre los olmos del rio,
paseando va un anciano
en este Otoño sombrío,
con las manos arrugadas
y en una de ellas temblorosa
un cayado sujetaba,
que unido a la tierra parecía
un cordón umbilical
que la misma con el tiempo
su cuerpo reclamaría.
Con pasos descompasados
tan cortos que parecían,
que de un momento a otro
su humilde figura gris
por el suelo rodaría;
con la mirada perdida
en la brumosa espesura,
y su vestido empapado
por la humedad que la niebla
en la zona desprendía,
su aliento se iba agotando
como se agotaba su vida.
Nadie sabrá nunca jamás
cuales eran esos recuerdos
que en su cabeza bullían,
de lo que seguro si estoy
es de los muchos años
que este pobre anciano
sobre su cuerpo tenia;
años estos de trabajos,
sacrificios y fatigas,
para sacar a su familia
del atraso y la penuria
en que vivían,
en aquellos tiempos pasados
que olvidarse no podía.
Este desvalido anciano
que en su lejano pasado
fue un niño de los de antes,
niños de la otra España
esa que pasaba hambre,
y a si pasaba su vida
entre miseria y desastres,
para ahora recoger
indiferencia y desaires.
¿ Habrá merecido la pena
todo el esfuerzo realizado
por esos hombres y mujeres
que han estado sirviéndonos
sin exigirnos nada a cambio?,
y a los que nosotros sus herederos
hemos dejado guardados
en lugares olvidados,
dejando a los que nos cuidaron
tristes, y al final abandonados,
por aquellos que cuando niños
siempre los tuvieron a su lado.
Y será cuando al final
y el último aliento hayan dado,
y sus almas inmortales sigan
en este mundo malvado,
cuando vean la ruindad
y el egoísmos que adorna
a muchos de los que
nos denominamos civilizados;
sentirán con decepción
como a los que más querían,
se reparten sus miserias
o las grandes alegrías,
lo mismo que le sucedió
a Jesús el Nazareno
con aquellos soldados romanos
y que a él crucificaron,
para luego repartirse
lo poco que disponía
sin poner ningún reparo;
y sin embargo después
del injusto trato que
con el crucificado tuvieron,
todos fueron perdonados
desde el ultimo al primero,
al igual que nos perdonan
nuestros desvalidos ancianos
cuando este mundo abandonan,
el sufrimiento que por nosotros
padecieron en su persona.
Joanmoypra/diciembre/2009