Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
COMIENZOS
En lares
como preámbulos de orquesta
delicada en la caricia
este día largo
toca su fiel piano
para alargar el tedio
la quejumbre de las horas
pasando su trago ácido
de reversos y sueños;
en países
en anaqueles que ya desacostumbraron
el dulce ruego de la inquina
el milagro de un tiempo
va desarmándose
en estrafalarias listas
en menoscabos y aplausos
sin digitar la sombra
sin redargüir especias y dólmenes
y pedruscos que hasta ayer
principiaron y rogaron
por la piedra inaugural
que iba a abrir los sepulcros
y desgastar por fin
la embriaguez mortal de la muerte;
su sílice que corrompe las miradas
en lo claro de un cuento inicia entonces,
en rincones donde ganar
es agachar el alma
un espumoso alcócer
el sabor terroso de la dicha
nos embriaga.
En lares
como preámbulos de orquesta
delicada en la caricia
este día largo
toca su fiel piano
para alargar el tedio
la quejumbre de las horas
pasando su trago ácido
de reversos y sueños;
en países
en anaqueles que ya desacostumbraron
el dulce ruego de la inquina
el milagro de un tiempo
va desarmándose
en estrafalarias listas
en menoscabos y aplausos
sin digitar la sombra
sin redargüir especias y dólmenes
y pedruscos que hasta ayer
principiaron y rogaron
por la piedra inaugural
que iba a abrir los sepulcros
y desgastar por fin
la embriaguez mortal de la muerte;
su sílice que corrompe las miradas
en lo claro de un cuento inicia entonces,
en rincones donde ganar
es agachar el alma
un espumoso alcócer
el sabor terroso de la dicha
nos embriaga.
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