Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Escribo tanta cosas fantásticas... que ya desprecio a la realidad
Hablo solo cuando voy por las calles, y la gente se asusta
Me descubren y se apartan
Me transformo en Carusso
Después de entonar “Oh Sole Mío”
apresuro mi paso sobre la muchedumbre
derrumbo los corrales de envolturas humanas que libradas,
respiran, saboreando la suerte singular de su sobrevivencia
ante el paso de “El Loco”
¡El loco! –piensan-. No lo dicen
Temen a la respuesta
demencial
desbordada
Sí
Me gusta hacerle al loco
sobre todo cuando estoy sentado, formal, en un café
y de repente empiezo a charlar
en voz muy alta
con el personaje inexistente sentado al lado mío.
Me miran alarmados
Los miro:
Rostros estupefactos
Los veo, temerosos, esconder de mi vista sus miradas
Los sigo viendo y descubro miedo en ellos
Me miran de reojo
De mí temen ser vistos
Temen a la locura
No quieren ser reflejo perceptible
en pupilas de un loco
¡Ay mundo coherente! ¡Cómo te asusta la locura!
Como si pacer dentro de los barrotes de la costumbre
y reducirse dentro del territorio de la realidad
fuera el objeto y la razón de nuestra vida
Cuando no juego a ser un loco, los escucho
Hablan y hablan
A veces dicen que "acostumbran a charlar consigo mismo"
para encontrarse en "las verdades internas"
y comprender mejor las huellas de sus vidas
Pero...
-sonrío al descubrirlo-
¡No saben estar locos!
Repiten en su interno la trama de una película famosa
Asumen personajes predispuestos para un final lustroso
que les llene de epílogos memorables
donde renacen a un aprecio colectivo
que les hace notorios e indispensables
en un mundo donde abundan los deseos
de emular las "demencias cosméticas"
de las endebles celebridades
Dicen también
-para rendir tributo a la presunta inmensidad de su espíritu-
que no son hombres sujetos ni sumisos
a los convencionalismos sociales de la vida
Pero ésa, su locura, es moribunda,
como una barca frágil que naufraga
en sus mares salados
Por eso, cuando navegan,
se aseguran de hacerlo a bordo de barcazas portátiles
de esas que se llevan en el bolsillo junto con el instructivo de armado rápido
para arriar los sueños de marinería demente
cuando culmina la tarde sin destellos
y se extravía, entre las sombras
el extraño horizonte
Temen la soledad que trae la marea de las indiferencias mundanas
y los vientos letales
que arrebatan las velas
enfilándolas hacia los diálogos desconocidos e incoherentes
Me gusta jugar al loco andando entre las multitudes
que transitan el mundo al mismo tiempo conmigo
Pero, de ello, no me envanezco demasiado
Lo hago antes de las tres
y después de las nueve
Porque es menester alimentarse diariamente
para poder jugar a las locuras
pues el muerto por hambre
-como cualquier otro muerto-
no puede disfrutar los destellos divinos
que se pierden en la bruma misteriosa
que envuelve al callejón de la locura
Cualquier locura.
Hablo solo cuando voy por las calles, y la gente se asusta
Me descubren y se apartan
Me transformo en Carusso
Después de entonar “Oh Sole Mío”
apresuro mi paso sobre la muchedumbre
derrumbo los corrales de envolturas humanas que libradas,
respiran, saboreando la suerte singular de su sobrevivencia
ante el paso de “El Loco”
¡El loco! –piensan-. No lo dicen
Temen a la respuesta
demencial
desbordada
Sí
Me gusta hacerle al loco
sobre todo cuando estoy sentado, formal, en un café
y de repente empiezo a charlar
en voz muy alta
con el personaje inexistente sentado al lado mío.
Me miran alarmados
Los miro:
Rostros estupefactos
Los veo, temerosos, esconder de mi vista sus miradas
Los sigo viendo y descubro miedo en ellos
Me miran de reojo
De mí temen ser vistos
Temen a la locura
No quieren ser reflejo perceptible
en pupilas de un loco
¡Ay mundo coherente! ¡Cómo te asusta la locura!
Como si pacer dentro de los barrotes de la costumbre
y reducirse dentro del territorio de la realidad
fuera el objeto y la razón de nuestra vida
Cuando no juego a ser un loco, los escucho
Hablan y hablan
A veces dicen que "acostumbran a charlar consigo mismo"
para encontrarse en "las verdades internas"
y comprender mejor las huellas de sus vidas
Pero...
-sonrío al descubrirlo-
¡No saben estar locos!
Repiten en su interno la trama de una película famosa
Asumen personajes predispuestos para un final lustroso
que les llene de epílogos memorables
donde renacen a un aprecio colectivo
que les hace notorios e indispensables
en un mundo donde abundan los deseos
de emular las "demencias cosméticas"
de las endebles celebridades
Dicen también
-para rendir tributo a la presunta inmensidad de su espíritu-
que no son hombres sujetos ni sumisos
a los convencionalismos sociales de la vida
Pero ésa, su locura, es moribunda,
como una barca frágil que naufraga
en sus mares salados
Por eso, cuando navegan,
se aseguran de hacerlo a bordo de barcazas portátiles
de esas que se llevan en el bolsillo junto con el instructivo de armado rápido
para arriar los sueños de marinería demente
cuando culmina la tarde sin destellos
y se extravía, entre las sombras
el extraño horizonte
Temen la soledad que trae la marea de las indiferencias mundanas
y los vientos letales
que arrebatan las velas
enfilándolas hacia los diálogos desconocidos e incoherentes
Me gusta jugar al loco andando entre las multitudes
que transitan el mundo al mismo tiempo conmigo
Pero, de ello, no me envanezco demasiado
Lo hago antes de las tres
y después de las nueve
Porque es menester alimentarse diariamente
para poder jugar a las locuras
pues el muerto por hambre
-como cualquier otro muerto-
no puede disfrutar los destellos divinos
que se pierden en la bruma misteriosa
que envuelve al callejón de la locura
Cualquier locura.
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