solano b
Poeta recién llegado
Siempre es el amor
el que se eleva en un suspiro.
La soledad en los ojos
juguetea con tocar su nombre
en una esquina.
Siempre es el amor
el que tienden las muchachas
entre las ropas recién tendidas.
Y por las calles nadie mira
a menos que sea el amor
el que sonría.
Cuando cae la tarde
y el sol se desdibuja
tras los riscos de la sombra,
sólo el amor reconforta.
Después de retornar
de las labores cotidianas,
siempre se espera
encontrar el amor
abierto como un receptáculo
del cielo.
Y si se cruza una lágrima
en el porvenir
que el amor la endulce.
Más aún, si se ha caído
que de pronto aparezca el amor
con su mano tibia
y la ofrezca
para remontar el vuelo.
La gente abre las ventanas tibias
siempre en busca
de que el amor mire el interior
de sus hogares
y le apetezca entrar.
Y se guardan esperanzas,
una tras otra de que se pueda
cambiar cada moneda
por un beso, nada más.
Pero el amor no llega.
Y el reloj sin fin comienza
a pesar.
Hay más polvo sobre los objetos,
aunque se vuelvan a limpiar.
Se hunde el corazón
en un oasis de fantasía
derrotada.
Pero siempre renace una esperanza
de que el amor poblará
el desierto.
Así toda la noche se contempla
una estrella.
Así todas las semanas
se digieren más tersas,
y hay una belleza nueva
creciendo en una rama del latido.
Porque siempre es el amor.
Los otros son temas casi rítmicos.
Sólo el amor embadurna
la existencia de sentido.
el que se eleva en un suspiro.
La soledad en los ojos
juguetea con tocar su nombre
en una esquina.
Siempre es el amor
el que tienden las muchachas
entre las ropas recién tendidas.
Y por las calles nadie mira
a menos que sea el amor
el que sonría.
Cuando cae la tarde
y el sol se desdibuja
tras los riscos de la sombra,
sólo el amor reconforta.
Después de retornar
de las labores cotidianas,
siempre se espera
encontrar el amor
abierto como un receptáculo
del cielo.
Y si se cruza una lágrima
en el porvenir
que el amor la endulce.
Más aún, si se ha caído
que de pronto aparezca el amor
con su mano tibia
y la ofrezca
para remontar el vuelo.
La gente abre las ventanas tibias
siempre en busca
de que el amor mire el interior
de sus hogares
y le apetezca entrar.
Y se guardan esperanzas,
una tras otra de que se pueda
cambiar cada moneda
por un beso, nada más.
Pero el amor no llega.
Y el reloj sin fin comienza
a pesar.
Hay más polvo sobre los objetos,
aunque se vuelvan a limpiar.
Se hunde el corazón
en un oasis de fantasía
derrotada.
Pero siempre renace una esperanza
de que el amor poblará
el desierto.
Así toda la noche se contempla
una estrella.
Así todas las semanas
se digieren más tersas,
y hay una belleza nueva
creciendo en una rama del latido.
Porque siempre es el amor.
Los otros son temas casi rítmicos.
Sólo el amor embadurna
la existencia de sentido.
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