Karla Pravia
Poeta recién llegado
Horas sin paz,
ni descanso,
minutos que urgo para mi,
ritual de los días santos.
Días sin marcas especiales,
mañana de letras embriagadas,
tardes que agotan mi cuerpo,
noches sin musa, ni placer.
Y alzo la mano
para rasgar mi parte
en el botín que queda lejano
con los segundos esparcidos.
Me encuentro en un sorteo
donde imploro un tiempo
añadido a mis años
para hallar tu espacio.
Siento tan lejano tu cuerpo
que me entrego al terreno ermitaño
donde la brisa me hace el amor
y me pregunta si la amo.
Y vuelve el tiempo
a encarar mis arrebatos
y apacigua mi corazón
desesperada en llanto.
ni descanso,
minutos que urgo para mi,
ritual de los días santos.
Días sin marcas especiales,
mañana de letras embriagadas,
tardes que agotan mi cuerpo,
noches sin musa, ni placer.
Y alzo la mano
para rasgar mi parte
en el botín que queda lejano
con los segundos esparcidos.
Me encuentro en un sorteo
donde imploro un tiempo
añadido a mis años
para hallar tu espacio.
Siento tan lejano tu cuerpo
que me entrego al terreno ermitaño
donde la brisa me hace el amor
y me pregunta si la amo.
Y vuelve el tiempo
a encarar mis arrebatos
y apacigua mi corazón
desesperada en llanto.
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