Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
He resuelto
por la mortal inspiración
que respiro de tu boca:
coronar tu blanca frente
con las mejores primaveras,
y atuendos florecidos,
y sea perpetuo el cetro de tus labios
en los lirios y azucenas,
en las rosas y jazmines del jardín humano que sostengo con mis manos,
y que el áurea luz de tu gobierno
se extienda hasta el confín de todos mis suspiros y canciones.
El brillo de tu alma cambia el pálido semblante a mi jardín
por tus abiertos pétalos,
en los racimos frescos del amor.
Desato el Augusto imperio de mis versos
de esta aljaba de perfumes y pasiones
que dan al blanco que resume los abriles más sublimes,
pues tu beldad
y tus encantos
tapizan este verde prado,
y tu imagen la alborada de mis sueños,
el sentir excelso de tus cándidas caricias,
ante el trémulo suspiro
de la gloria y esperanza de tus besos.
Toma sitio con mi pecho sumergido de tu misma esencia y nardo,
y sea juntado el cielo entre los resquicios
de tus carmesíes y mis labios.
Acumula el silencio prorrumpido de tus ojos
en estos hemisferios de bronce,
porque hoy y siempre serás,
desde tu horizonte florido
hasta la adquisición las angélicas lenguas de tu imagen:
La reina de mi amor.