Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Se desplomó la noche.
Amplia
espaciosa y vacía,
a alguien se le cayó
y no supo que aquí abajo
en esta ecología
mordida por la industria
había gente inquieta,
y estaba yo
que dormía despierto,
y despierto soñaba,
y buscaba un beso, una caricia o una hoja,
y simplemente
no hallé ninguna.
Cuando de pronto
me cayó entero
el universo,
lleno de órbitas blancas
y repartidas estrellas
y un charco de abismos.
Nadie lo supo
pero yo lo sabía,
yo lo sabía,
porque estuve ahí
aunque nunca fui testigo.
¡Tenía una constelación de luceros enredada en mi pelo!
y nadie lo supo
hasta que lo pensé:
-¿ y si lo guardo en mi casa,
en algún casto lirio,
en alguna caja de vidrio
en mi gato de porcelana
o en el jardín de mi vecino?
¡Absurdo!
Era un hecho que ya estaba hecho,
pero llegaría un día que el día
acérrimo y fornido,
me quitaría
con lazos de fuego
brazos de incendio
este universo que no era blanco ni negro
ni mío.
y así fue:
Apareció
arrogante
estrecho
firme
y pálido: el día.
y
sin preguntarme
ni avisarme
con gran silencio
como un ladrón
con manos soberbias:
Se llevó mi universo..
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