Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay días de soledad infinita
en los que hasta tus musas
se desvanecen. Se evaporan
como humo de un cigarro
quedando solamente las cenizas
como prueba irrefutable de su paso.
Hoy intentas conectar en vano
sentimiento, latido y verso.
Me sorprendo, como Diógenes,
buscando entre los papeles
que rebosan en la basura
algún que otro sueño descartado.
Y encuentro uno antiguo
de lienzo amarillento y recuerdo…
Me siento a escribir tu nombre
una y mil veces en esta ventana
con vistas al patio oscuro
donde hoy juega mi alma.
Y te conjuro. Y te reto, fantasma
de otros tiempos más risueños.
Y vienes con ellas de la mano
y ya no es bruma lo que veo.
Es el camino certero que conecta;
sentimiento, latido y verso.
en los que hasta tus musas
se desvanecen. Se evaporan
como humo de un cigarro
quedando solamente las cenizas
como prueba irrefutable de su paso.
Hoy intentas conectar en vano
sentimiento, latido y verso.
Me sorprendo, como Diógenes,
buscando entre los papeles
que rebosan en la basura
algún que otro sueño descartado.
Y encuentro uno antiguo
de lienzo amarillento y recuerdo…
Me siento a escribir tu nombre
una y mil veces en esta ventana
con vistas al patio oscuro
donde hoy juega mi alma.
Y te conjuro. Y te reto, fantasma
de otros tiempos más risueños.
Y vienes con ellas de la mano
y ya no es bruma lo que veo.
Es el camino certero que conecta;
sentimiento, latido y verso.
Última edición: