Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
SOMBRAS EN EL PATIO
La sombra cuelga pendular en aquel árbol
donde el verano lagrimea un esperma esplendoroso.
Ni la estación de cosecha
ni la visión de los últimos brotes seducen su desgano
sólo la huraña pasión que aproxima el temporal
y apretuja los secos pastizales que nadie siega todavía.
La espera es ese árbol.
Da grima mirar su papel de histrión agonizante
al otro lado del patio,
pero está bien esa actuación de creer en sus ramajes
ardid de influjos-
privilegio del invierno que prospera.
No es esta la época para la soberbia,
el plomo ha herido ya bastante,
ni tampoco lo es para la risa imperfecta,
el huracán socavará los andamios del que aún gimotea
y se sabe desnudo en un paraíso de violetas.
La sombra perece siniestro es su fin-
la luz agresiva desgasta sus orillas
le cercena las raíces la aurora inobjetable.
Los frutos aún esperan meciéndose en la brisa.
Alguien habita bajo la fronda esbelta,
siente un extraño estremecimiento:
el otoño desgaja sus racimos de diamante.
La sombra cuelga pendular en aquel árbol
donde el verano lagrimea un esperma esplendoroso.
Ni la estación de cosecha
ni la visión de los últimos brotes seducen su desgano
sólo la huraña pasión que aproxima el temporal
y apretuja los secos pastizales que nadie siega todavía.
La espera es ese árbol.
Da grima mirar su papel de histrión agonizante
al otro lado del patio,
pero está bien esa actuación de creer en sus ramajes
ardid de influjos-
privilegio del invierno que prospera.
No es esta la época para la soberbia,
el plomo ha herido ya bastante,
ni tampoco lo es para la risa imperfecta,
el huracán socavará los andamios del que aún gimotea
y se sabe desnudo en un paraíso de violetas.
La sombra perece siniestro es su fin-
la luz agresiva desgasta sus orillas
le cercena las raíces la aurora inobjetable.
Los frutos aún esperan meciéndose en la brisa.
Alguien habita bajo la fronda esbelta,
siente un extraño estremecimiento:
el otoño desgaja sus racimos de diamante.
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