Jeison
Poeta fiel al portal
Porque somos también un poco de lo que hemos sido.
A Jeison Villalba
Seis mil seiscientos veinticuatro millones
quinientos setenta y ocho mil
trescientos veintidós personas en el mundo.
Casi siete billones de sepulcros inútiles.
Y hay tan solo una muerte y un único velorio
para el crimen del niño despojado en el bosque.
Pero yo soy errante y me resisto.
No accedo a este volumen de las cosas,
el terreno es pesado y la labor es fácil
y es fácil porque el mandatario es débil
y alocado y emplea operaciones
para aquellos que intentan abolir y traer
bastardos a este mundo.
No obstante el heredero de la patria
cae como una bota sobre el collar de Atenas;
las aguas evaporan agonía
el sol trae pintado el rostro de la noche
y yo, de nuevo príncipe
restituyo la ayuda que me dio:
no necesito a nadie que me salve,
yo soy el héroe de la historia.
Sálvate tú, si quieres, para ti el daño es hondo
y la esperanza es corta, la esperanza
tiene los dedos de un animal nocturno.
Pequeña sobredosis,
esto fue lo que dije:
escribir, a menudo, es fracasar mil veces.
Yo fracaso, en efecto,
pero fracaso porque soy traidor,
porque contemplo y muero
y revivo episodios donde el amante es otro.
Toda literatura es inherente
al peso de su acción fundamental.
Si miento o no me miento
depende de qué tanto
puedo reconocerme en el espejo.
Pero reconocerme implica reencontrarme,
es decir, reubicar al que he perdido:
¿Y quién es el perdido?
La abolición del miedo genera un nuevo miedo:
miedo a habitar y sobre todo miedo
a comprender el miedo.
Tengo miedo.
Seis mil seiscientos veinticuatro millones
quinientos setenta y ocho mil
trescientos veintiún personas en el mundo.
Casi siete billones de fracasos perdidos
para al final quedarme con uno solo de ellos:
el que ganó, el que acaba de ganar.
Jeison Villalba.
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