ELECTRA
Poeta fiel al portal
"Sembrador de semillas"
¡En vano siembras semillas de amor
en un corazón adolorido!
¡Jamás verás brotar un tallo,
una flor, ni qué decir de un fruto
en un terreno baldío!
Pero te hiciste el loco,
hiciste caso omiso a mis palabras
y empezaste a arar
allí donde no había esperanzas,
allí donde todo era estío
¡Qué terco eres!
Te dije más de una vez,
pero no me atendiste
y seguiste arando con más fuerza.
No te importó la lluvia,
ni el inclemente sol,
ni los rayos que atacaban con fiereza,
tu seguiste arando
y regando la semilla,
aunque el tiempo iba pasando
y la tierra igual de seca se veía,
podía ver tu tristeza
al ver que nada en tu campo florecía,
yo te miraba desde lejos
a esperas que te cansaras
y te fueras a sembrar a otros terrenos,
tú, en cambio, renovabas tu entusiasmo
al abrirse un nuevo día
y regabas nuevamente allí en tu campo,
con el mismo amor y alegría.
Hasta que un día,
de tanto regar la tierra
se fue ablandando
y poco a poco la semilla
se fue incubando,
amanecer tras amanecer
su centro fue germinando
y un corto pero firme tallo
brotó alegrando el campo.
Hoy puedo verte acogido
bajo la sombra de un árbol
pletórico de frutas
y de hermosas flores,
es el àrbol del amor
que tù sembraste en mi
y que ahora sólo a ti
te pertenece.
¡En vano siembras semillas de amor
en un corazón adolorido!
¡Jamás verás brotar un tallo,
una flor, ni qué decir de un fruto
en un terreno baldío!
Pero te hiciste el loco,
hiciste caso omiso a mis palabras
y empezaste a arar
allí donde no había esperanzas,
allí donde todo era estío
¡Qué terco eres!
Te dije más de una vez,
pero no me atendiste
y seguiste arando con más fuerza.
No te importó la lluvia,
ni el inclemente sol,
ni los rayos que atacaban con fiereza,
tu seguiste arando
y regando la semilla,
aunque el tiempo iba pasando
y la tierra igual de seca se veía,
podía ver tu tristeza
al ver que nada en tu campo florecía,
yo te miraba desde lejos
a esperas que te cansaras
y te fueras a sembrar a otros terrenos,
tú, en cambio, renovabas tu entusiasmo
al abrirse un nuevo día
y regabas nuevamente allí en tu campo,
con el mismo amor y alegría.
Hasta que un día,
de tanto regar la tierra
se fue ablandando
y poco a poco la semilla
se fue incubando,
amanecer tras amanecer
su centro fue germinando
y un corto pero firme tallo
brotó alegrando el campo.
Hoy puedo verte acogido
bajo la sombra de un árbol
pletórico de frutas
y de hermosas flores,
es el àrbol del amor
que tù sembraste en mi
y que ahora sólo a ti
te pertenece.