yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sirenas varadas en el borde de tus ojos,
un rayo de luz que viaja a la luz y se funde
en tus pupilas veleidosas,
arrinconadas,
salobres,
incandescentes
y un universo líquido en el fondo de tu pecho;
abajo yo,
con paletas de letras,
en busca del color exacto para tu epidermis de cristal,
frágil,
renuente,
arrinconada
como un niño en un burdel.
Aquí la lluvia es constante y fiel
como beata embozada;
tu figura a través de la ventana,
con marquesinas de paraguas,
recorre una y otra vez el film de tus pies
dando saltitos en los charcos
con gracia de mariposa ebria,
olorosa a cama necia y shampoo inexacto.
Alondras somnolientas se pasean por tu mirada,
donde varadas sirenas enfatizan un cuarto para las diez,
arrecias el paso como un reloj con sobrecuerda,
y en este confín de lunes
dejas un aroma a terciopelo líquido
que inhalo e inhalo hasta convertirlo en el principio de tu pelo
y comienzo a enhebrar poemas con él.
un rayo de luz que viaja a la luz y se funde
en tus pupilas veleidosas,
arrinconadas,
salobres,
incandescentes
y un universo líquido en el fondo de tu pecho;
abajo yo,
con paletas de letras,
en busca del color exacto para tu epidermis de cristal,
frágil,
renuente,
arrinconada
como un niño en un burdel.
Aquí la lluvia es constante y fiel
como beata embozada;
tu figura a través de la ventana,
con marquesinas de paraguas,
recorre una y otra vez el film de tus pies
dando saltitos en los charcos
con gracia de mariposa ebria,
olorosa a cama necia y shampoo inexacto.
Alondras somnolientas se pasean por tu mirada,
donde varadas sirenas enfatizan un cuarto para las diez,
arrecias el paso como un reloj con sobrecuerda,
y en este confín de lunes
dejas un aroma a terciopelo líquido
que inhalo e inhalo hasta convertirlo en el principio de tu pelo
y comienzo a enhebrar poemas con él.
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