LuKaS
L'enfant terrible
Sujetando mis alas
subiste a mi espalda;
suavemente abrazada
a mi cuerpo con timidez
y yo tomado de tu ser
hasta más no poder;
dos expertos en el arte
de ver atardeceres palidecer.
Fuimos dos pobres plebeyos,
dos lacayos sin dueño
que un verdugo decapitó.
Vivimos en un reino que fue juego,
donde el amor era el rey y el tablero de ajedrez.
Siempre fui un peón en tu partida,
sin cura para la herida,
ni solución a la jugada
a la que me supiste someter.
Y yo que pensé "domino este juego",
y jugando me quemé...
Aún te busco día a día,
debes saber:
mi meta no es ganar esta partida,
no quiero la revancha
ni una resignación;
solo extraño ese tablero
donde una vez este peón
tuvo su apogeo
y que en tu línea de partida...
convertiste en rey.
A Isa (Armonía) por estar siempre y a
quién le debo la supervisión de este poema.
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