LUVIAM
Poeta veterano en el portal
Era un capullo de rosa, que aún no abría las alas
las alas de su ilusión, las alas de seda blanca.
Y era un clavel su guardián, desde el jardín de su estancia
que la ansiaba y la miraba, sin poder polinizarla.
Aunque en jardines opuestos, desde distantes moradas,
danzaban al mismo ritmo con el viento que soplaba.
Los animaba la lluvia, la noche los abrigaba,
el capullo y el clavel germinaban esperanza.
Clavel que ya florecido y con su roja añoranza
revitaliza su aroma soñando la rosa blanca.
Es la rosa su delirio, capullo que aún no alcanza,
porque es capullo de rosa, de rosa de seda blanca.
Pero llegó un jardinero para podarle las ansias,
quiere ver en un jarrón al clavel con su fragancia.
Que destino el de los dos , óbices tiempo y distancia...
que nunca una misma flor dos primaveras gozaba.
Se despierta un nuevo albor cuando el rocío humectaba,
y regresó el jardinero a cortar la rosa blanca.
Deslumbrante de belleza con su aroma perfumaba
y sus pétalos de seda se abrían a la mañana.
Era alegría de rosa, al fin unirán sus almas,
quizás juntarán sus tallos en el jarrón de la sala...
¿Y qué fue de mi clavel? (se preguntaba extrañada)
Oh, destino tan ingrato que los une y los separa!
Clavel de pétalos mustios que hasta el aroma le falta,
deshojandose su sueño sobre una tela bordada.
Y pobre rosa de seda, que al lograr batir las alas
descubrió al clavel sin brío, sin color y sin fragancia.
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