La tinta que encrespa las cenizas
hendiendo el canon de la lágrima en la historia,
traza la mísera humanidad del ser humano:
ese miedo de los verbos al amor, en el tiempo de los hombres.
Y tras el ripio que urde los códigos del siglo
intuimos la tierra y la semilla de una historia paralela
encumbrando nuestros nombres en los Ícaros del día,
más allá de los bordes donde despeñan las tormentas
las razones primigenias que nos hacen ser lo que perdimos.
Y entre el cuerpo que habitamos
y esos cuerpos aledaños que conciertan las mareas
libramos los atajos abisales al perdón,
inflamando abismos y abundancias
como niños que corren a los lagos del regazo…
Pero el cielo se hace tela que cortar a cada paso;
y a cada paso verbos nuevos recosen en el pecho:
refugios, cuando embiste el miedo nuestros sueños;
soles de una aldea, cuando un pubis verde nos reclama;
y un techo a las miradas del tren que dice adiós…, aunque regresa.
Porque cuando amamos
somos la infalible humanidad de lo divino,
la frágil divinidad del universo increado;
el pacto olvidado, en el árbol edénico del beso.
¡Qué es el amor, la única verdad que nos reescribe!
EXPLICACIÓN
Aquí me permito, una interpretación. En la primera estrofa, la historia escrita(tinta), corrobora “la mísera humanidad del ser humano”(figura válida en poesía, llamada pleonasmo y que enfatiza un aspecto por redundancia), que de acuerdo a la RAE, “humanidad”, significa fragilidad del ser humano, o también, sensibilidad y compasión ante la desgracia de los demás; entonces, la expresión se refiere a la escasa compasión del hombre por el hombre. Definida ésta, como el miedo de los verbos(acciones) al amor, en el tiempo de los hombres(metáfora que relaciona los tiempos verbales con los del hombre). Queda establecido entonces que la historia es el mejor testigo de las malas acciones del humano.
En la segunda estrofa, “tras el ripio que urde los códigos del siglo”, se refiere a mi parecer al escombro o sobrante, que es aplicable también al contexto del párrafo anterior: el ripio en la construcción poética o narrativa, que es todo ese decir repetitivo sobre una misma imagen o idea. Así tras todo eso, está “la tierra y la semilla(lo necesario para el renacimiento) de una historia paralela(una historia que es y redime al hombre)”. Esa historia encumbra “nuestros nombres(lo que nos define) en los Ícaros del día (es decir, se visualiza cada día como el personaje mitológico, hijo de Dédalo el arquitecto, que recogía las plumas que dejaba caer su padre en el afán de construir sus alas y con ellas construyó las propias elevándose en demasía, contra las advertencias de su padre de que se incendiaría y caería, muriendo así. Por eso, el referente de que el día se eleva, se quema(plenitud del sol) y muere(noche)). Y nos eleva hasta donde se forjan “las razones primigenias” que pueden volvernos al origen puro de nuestra humanidad. Nexo con la estrofa anterior y continuación lógica del relato.
La tercera estrofa, nos vuelve a esa realidad del hombre que busca sus razones primigenias, que son de alturas espirituales pero sometidas al cuerpo propio y concertadas por “esos cuerpos aledaños”, esas gentes y sociedades que nos condicionan. En ese contexto, el hombre en el camino de la redención, se libra de su culpa por sus acciones siguiendo los atajos abisales(en referencia a la profundidad de las mareas mencionadas) al perdón, “inflamando abismos y abundancias”, es decir, haciendo que ardan en su pasión las cosas malas y buenas, las escasas y abundantes que encuentra y lo hacen “como niños que corren a los lagos del regazo”, al consuelo y a la calma de una madre que cura las heridas.
En la cuarta estrofa, ese que como niño regresa, enfrenta que las cosas no son fáciles(el cielo tela que cortar a cada paso y se repite la frase porque es una anadiplosis), pero a la vez que enfrenta obstáculos, las nuevas acciones(verbos), hacen del hombre un refugio de los sueños; “soles de una aldea”, aquel que alumbra en su contexto cercano y “cuando un pubis verde nos reclama”(cuando el amor de pareja surge con toda la química que implica y la esperanza que se renueva(verde). “Y un techo a las miradas del tren que dice adiós…, pero regresa”. Es decir alberga la esperanza y abriga los regresos, así los adioses no son definitivos, el perdón deja las puertas abiertas a la corrección de lo pasado. El tren es imagen de paso, de aquello que se lleva algo. Entonces, esta estrofa es la explicación de los últimos versos de la anterior: “inflamando abismos y abundancias” y de aquello en lo que se vuelve el hombre cuando el amor lo embarga.
La quinta estrofa, se desprende de todo lo anterior. El hombre que se redime por el amor, el humano que ya ama vuelve a su imagen divina, a la más pura expresión posible: El amor, aquello que quedó pendiente en el Edén, cuando tomamos otro camino.
Cierra el poema, de forma redonda, reafirmando todo lo dicho y cerrando lo que se inició en los primeros versos con la historia que encrespa las mareas de ceniza dejadas por el hombre y confirmadas por la historia… “Y es el amor, la única verdad que nos reescribe”, el único camino de liberación, de verdadera humanidad, de reescribir la historia. Es entonces, un amor universal, un amor que alcance a la humanidad el único camino de la redención propuesta.