Quisiera escribir versos en su piel,
versos y palabras santas y palabras comunes,
tierra, madre, mujer, Luna y Sol,
en el cobre de sus mejillas y en el suave dorso de su pie,
en la erizada piel de su pecho
con manos temblorosas de emoción,
en mi lengua madre y en todas las lenguas del Universo,
en sánscrito y esperanto,
en kichwa y épera,
en el idioma de los pueblos que resisten
y también de los que dominan,
para cambiar las palabras de guerra por girasoles
que se deslicen por su costado,
lentamente
más lento que los pesados tristes recuerdos.
Quisiera escribir versos en su piel
y rozar su boca por accidente
con las finas fibras de mi pluma de ñandú,
para estremecerme una vez más
y recomenzar con palabras hermosas,
esperanza, hermana, hermano, beso,
desde el castaño oscuro de su bajo vientre
hasta la última curva de su rostro claro
y hasta la dignidad de su frente
siempre en alto a pesar de este mundo plástico
de misiles y de papel verde.
Quisiera escribir versos en su piel
con mis veinte dedos y mis labios también,
manchados de cien colores,
versos de arco iris y palabras sencillas y nuestras,
arrurrú, ananay, quinde y ayahuasca,
dibujar también en blanco y negro
en las anchas estepas de su espalda,
búfalos mitológicos y tapires
que cabalgan hacia dos montañas hermosas y redondas
donde nace el Sol de los que aman y de los que luchan.
Quisiera escribir versos
entre las olas de su piel madura
y las palmeras y la caoba de sus piernas y sus brazos,
entre los perfumes de sus selvas,
palabras femeninas,
coraje, dignidad, doble jornada,
aunque algunas se acompañen de el,
y mezclarme en la humedad de sus mares
para morir en paz ahogado de dicha.
Quisiera revivir al otro día entre sus brazos
y retomar el pincel para escribir su nombre,
como palabra sagrada,
más hermosa que belleza y que abrazo
pintar con rasgos firmes y rápidos,
no vaya a ser que en la demora
alguien robe el espíritu de los versos
y los condene al recuerdo lejano,
donde no haya letras ni palabras,
ni plumas ni colores,
ni ojos para maravillarse ni piel para sentir
y sobre todo no exista usted.
versos y palabras santas y palabras comunes,
tierra, madre, mujer, Luna y Sol,
en el cobre de sus mejillas y en el suave dorso de su pie,
en la erizada piel de su pecho
con manos temblorosas de emoción,
en mi lengua madre y en todas las lenguas del Universo,
en sánscrito y esperanto,
en kichwa y épera,
en el idioma de los pueblos que resisten
y también de los que dominan,
para cambiar las palabras de guerra por girasoles
que se deslicen por su costado,
lentamente
más lento que los pesados tristes recuerdos.
Quisiera escribir versos en su piel
y rozar su boca por accidente
con las finas fibras de mi pluma de ñandú,
para estremecerme una vez más
y recomenzar con palabras hermosas,
esperanza, hermana, hermano, beso,
desde el castaño oscuro de su bajo vientre
hasta la última curva de su rostro claro
y hasta la dignidad de su frente
siempre en alto a pesar de este mundo plástico
de misiles y de papel verde.
Quisiera escribir versos en su piel
con mis veinte dedos y mis labios también,
manchados de cien colores,
versos de arco iris y palabras sencillas y nuestras,
arrurrú, ananay, quinde y ayahuasca,
dibujar también en blanco y negro
en las anchas estepas de su espalda,
búfalos mitológicos y tapires
que cabalgan hacia dos montañas hermosas y redondas
donde nace el Sol de los que aman y de los que luchan.
Quisiera escribir versos
entre las olas de su piel madura
y las palmeras y la caoba de sus piernas y sus brazos,
entre los perfumes de sus selvas,
palabras femeninas,
coraje, dignidad, doble jornada,
aunque algunas se acompañen de el,
y mezclarme en la humedad de sus mares
para morir en paz ahogado de dicha.
Quisiera revivir al otro día entre sus brazos
y retomar el pincel para escribir su nombre,
como palabra sagrada,
más hermosa que belleza y que abrazo
pintar con rasgos firmes y rápidos,
no vaya a ser que en la demora
alguien robe el espíritu de los versos
y los condene al recuerdo lejano,
donde no haya letras ni palabras,
ni plumas ni colores,
ni ojos para maravillarse ni piel para sentir
y sobre todo no exista usted.