Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fue al pozo de los tiempos... Le contaron que debía tirar una de sus pestañas, recién bañada en lágrimas, al foso oscuro y frío donde las verdades reposan pero que no osara mirar en lo profundo de sus adobes de musgo revestidos. Bordeando el brocal con ansia de espejo, sacó un recuerdo amargo del refajo de su pecho y lo acercó con mimo a la niña de sus ojos. Sintió los cristales de la tristeza afilándose entre los humedales y una pequeña gota, que hacía malabares en hilo de suspiro, quedó suspendida en el aire. Intentó capturar su vuelo con la palma de su mano pero se fue su vista tras ella sin remedio, entre los verdores del hueco. Cuando quiso darse cuenta, ya aquello que buscaba le había atrapado en el fondo.
Y allí siguen los tres por siempre retozando; verdad, imprudencia y llanto.
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