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Hombre puro, vaho, arcabuz

Pedro Darquea

Poeta asiduo al portal
Los soplos constantes
Desencadenan fuertes remolinos en la bruma,
Tele transportación brusca,
Hasta aparecer en blanco y explotar en la luz.

Ascienden gemidos delirantes
Cuyo vaho blasfemo las pupilas perfuma,
La mano arácnida, el fluido vital rebusca,
Desesperado, llena de pólvora el arcabuz.

El torso cede al martirio,
Mas sus piernas se plus dimensionan,
Alcanzando en varias realidades el nido,
Recuperándole a aquel lejano motor, sus crías.

Nunca le interesó la recompensa, ni el cirio,
Le vale más, cuando por revoluciones lo mencionan,
Que el vano hecho de haber herido,
Y quedarse para nunca con las manos frías.
 
Es exquisito tu poema mi querido Pedro, nos hablas en tus versos de ese hombre puro y erguido conta toda tempestad de la vida; su dureza y fuerza es tan grande como la edad del hombre. Gracias amigo por este regalo. Una brazo y estrellas.
 
Amigo dulcinista, me alegra que hayas entendido tan enteramente lo que he querido transmitir. Actualmente ya no existe gente con esa fuerza y constancia para buscar cambios justos, ese "hombre puro" se extinguió ya hace mucho tiempo.

Gracias por pasar amigo, un gran abrazo.
 
Los soplos constantes
Desencadenan fuertes remolinos en la bruma,
Tele transportación brusca,
Hasta aparecer en blanco y explotar en la luz.

Ascienden gemidos delirantes
Cuyo vaho blasfemo las pupilas perfuma,
La mano arácnida, el fluido vital rebusca,
Desesperado, llena de pólvora el arcabuz.

El torso cede al martirio,
Mas sus piernas se plus dimensionan,
Alcanzando en varias realidades el nido,
Recuperándole a aquel lejano motor, sus crías.

Nunca le interesó la recompensa, ni el cirio,
Le vale más, cuando por revoluciones lo mencionan,
Que el vano hecho de haber herido,
Y quedarse para nunca con las manos frías.

Pedro
Excelentes letras, me ha encantado
Felicitaciones y estrellas
Ana
 
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