Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ENTONEMOS LA MELODIA
Entonemos la melodía,
degustemos su rictus bienoliente,
su magnitud de manjar de brisa,
de devoción que apelmaza las rodillas
y degüella la sensación de sentirnos invadidos
por el fragor de un tiempo que ya se fue
a pernoctar en otros lares,
a decomisar otras tiendas
con sus trampas y saetas.
Devolvámonos a la risa,
a la térrea mañana desprendida de otro cosmos
que esparce en gránulos la pasión
por devorar guisos de conciencias,
atragantémonos de su goteo irresistible
con ojos rapaces
con bocas incansables.
Alarguemos el instante,
nunca antes habíamos vivido
ese mundo que impele las narices
y atomiza la mirada
contra el plano intemporal
de un lienzo vespertino y siempre en verano.
Volvamos la mirada a la renuncia
a la pretensión de sufrir
nacarando los colores
sazonando vértigos azules
para recuperar
el íntimo espacio de la dicha
que nos arrebató
el vivir a espaldas de la prole.
Entonemos la melodía,
degustemos su rictus bienoliente,
su magnitud de manjar de brisa,
de devoción que apelmaza las rodillas
y degüella la sensación de sentirnos invadidos
por el fragor de un tiempo que ya se fue
a pernoctar en otros lares,
a decomisar otras tiendas
con sus trampas y saetas.
Devolvámonos a la risa,
a la térrea mañana desprendida de otro cosmos
que esparce en gránulos la pasión
por devorar guisos de conciencias,
atragantémonos de su goteo irresistible
con ojos rapaces
con bocas incansables.
Alarguemos el instante,
nunca antes habíamos vivido
ese mundo que impele las narices
y atomiza la mirada
contra el plano intemporal
de un lienzo vespertino y siempre en verano.
Volvamos la mirada a la renuncia
a la pretensión de sufrir
nacarando los colores
sazonando vértigos azules
para recuperar
el íntimo espacio de la dicha
que nos arrebató
el vivir a espaldas de la prole.
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