Sinuhé
Poeta adicto al portal
Había un paisaje y una nube,
soleado en el cerro y nublado en la cima.
Y el frío moviendo sus suaves mejillas,
danzando sus piernas, bordeando el vestido.
Y en sus lindos ojos brillaban fulgores
de paisajes idos, de fuegos ardientes.
Dos hoyuelos pardos, que bellas sonrisas;
mojaban sus labios, vaciaban el tiempo.
Las hojas brillando colgadas al viento,
la tierra tocando tus pasos ligeros,
la tarde en sus horas teñidas de ensueño,
rodeando cinturas, rozándote el cuello.
Las sombras cubriendo sus hondos abismos
las piedras formando caminos desiertos,
las casas del suelo, tu voz en el techo;
mis ojos, la seda cubriendo tus pechos.
Las líneas ceñidas cinturas morenas,
los vellos plateados cual nube y tormenta;
espalda quebrada columna del cielo
diamante en la mina, lucero en la tarde;
azul de las aguas, marea en la orilla.
Las gotas del día al fin diluyendo
la espera por verte volando en la sala,
llorando la ausencia, brillando en el suelo.
Tu frente bronceada, tus ojos manzanos
nariz de colina, tu boca encarnada;
metida en suspiros contando tristezas,
viejas losas nuevas tapando mi alma.
Más esto no es nada, ni es todo, ni es cierto;
como las guitarras tocadas sin verbo.
Tierna primavera cantando en tu seno
oyendo tus rezos, varado en tu cuerpo.
Marcha silenciosa de truenos y viento,
cara cual navaja rasgando el recuerdo.
Eres solo mía dentro de este viento
que seca los campos y silba en la cima
y cae en pedazos viene desde lejos
para acariciarte dentro de la ausencia.
Mañana en la tarde volveré a mirarte
tras los mismos pardos, tras la misma máscara.
Y me mirarás sonriendo al rozarte.
Pero no podrás entender lo cierto,
el que yo te mire con ojos ajenos;
deseando en silencio tu tierna mirada
y tus lindas cejas mojadas de luz.
Oye mi plegaria madera preciosa,
ven a cobijarme flor del campo inmenso.
Trae tus caderas, ciñe bien tus pechos.
Háblame de nuevo, fíngeme otra vez;
como si supieras lo que tengo dentro.
El viento y los pinos juegan alargándose,
las hojas, las rosas ya no pueden más.
Quédate muy quieta, duérmete en tu almohada
duerme mientras puedas en tu cama ajena.
Déjame sentirte cerca del silencio,
hasta que yo pueda de nuevo mirarte...
......
.....
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..
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soleado en el cerro y nublado en la cima.
Y el frío moviendo sus suaves mejillas,
danzando sus piernas, bordeando el vestido.
Y en sus lindos ojos brillaban fulgores
de paisajes idos, de fuegos ardientes.
Dos hoyuelos pardos, que bellas sonrisas;
mojaban sus labios, vaciaban el tiempo.
Las hojas brillando colgadas al viento,
la tierra tocando tus pasos ligeros,
la tarde en sus horas teñidas de ensueño,
rodeando cinturas, rozándote el cuello.
Las sombras cubriendo sus hondos abismos
las piedras formando caminos desiertos,
las casas del suelo, tu voz en el techo;
mis ojos, la seda cubriendo tus pechos.
Las líneas ceñidas cinturas morenas,
los vellos plateados cual nube y tormenta;
espalda quebrada columna del cielo
diamante en la mina, lucero en la tarde;
azul de las aguas, marea en la orilla.
Las gotas del día al fin diluyendo
la espera por verte volando en la sala,
llorando la ausencia, brillando en el suelo.
Tu frente bronceada, tus ojos manzanos
nariz de colina, tu boca encarnada;
metida en suspiros contando tristezas,
viejas losas nuevas tapando mi alma.
Más esto no es nada, ni es todo, ni es cierto;
como las guitarras tocadas sin verbo.
Tierna primavera cantando en tu seno
oyendo tus rezos, varado en tu cuerpo.
Marcha silenciosa de truenos y viento,
cara cual navaja rasgando el recuerdo.
Eres solo mía dentro de este viento
que seca los campos y silba en la cima
y cae en pedazos viene desde lejos
para acariciarte dentro de la ausencia.
Mañana en la tarde volveré a mirarte
tras los mismos pardos, tras la misma máscara.
Y me mirarás sonriendo al rozarte.
Pero no podrás entender lo cierto,
el que yo te mire con ojos ajenos;
deseando en silencio tu tierna mirada
y tus lindas cejas mojadas de luz.
Oye mi plegaria madera preciosa,
ven a cobijarme flor del campo inmenso.
Trae tus caderas, ciñe bien tus pechos.
Háblame de nuevo, fíngeme otra vez;
como si supieras lo que tengo dentro.
El viento y los pinos juegan alargándose,
las hojas, las rosas ya no pueden más.
Quédate muy quieta, duérmete en tu almohada
duerme mientras puedas en tu cama ajena.
Déjame sentirte cerca del silencio,
hasta que yo pueda de nuevo mirarte...
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