E R I Z O
Poeta adicto al portal
[Foto: Cetrobo]
NOCTURNO
La opulencia,
de las ciudades
que me habitan,
se abastece
con demonios
que vociferan bélicos.
En su galope
estos faunos traen el sismo
que me sacude
y nombra escoria.
Las bahías todas
se repliegan
sobre sus muertos,
en tanto humea el silencio
por encima de la saliva
de mis umbrales.
Y aún no sé
donde duerme el refugio.
Pero lo que sí sé,
es que estos brazos
no fueron ideados
para contener
cataclismos,
ni mucho menos,
para disimular muros
en medio del páramo.
Entonces, me pregunto,
qué haré con las fisuras.
Que haré con las huestes de cactos
que prospera en las entrañas
evocando la intemperie
con la que me arropo,
el hoyo que preña
la cavidad de mi tórax.
Y ese nombre,
ese maldito nombre,
y su estruendo,
y su garfio
quitándome del eje
dejándome esta vorágine.
Este mediodía-cadáver
sobre el cual
me declaro nocturno.
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