El callo dijo al meñique:
¡Hola, peque! ¿Cómo estás?
Y el meñique respondía:
-Cuando te veo, pues mal.
-Pero chico ¿Qué me dices?
... si nos llevamos genial.
-No me toques las narices,
no te puedo soportar.
-Cuando te pones rojito
sólo haces que picar,
y si estoy en el zapato
el dolor es colosal.
El callo se puso digno
y no quiso tolerar
los insultos que el dedito
le quería dedicar.
-Pues te creerás muy listo,
pero te vas a enterar:
Cuando me pongo a tu lado
siempre voy oliendo mal.
-Estás lleno de gorritas
y no te lavas jamás,
y no te pongas farruco
o te voy a machacar.
El meñique, compungido,
al gordito fue a llamar,
pero el callo se escondía
de las furias del pulgar.
De repente una cuchilla
empezaba a trabajar,
y afilada como estaba,
fue al callito a rebajar.
El meñique se reía:
del callo se iba a librar,
y contento y aliviado
lo quería celebrar.
Invitaba a las gorritas
a una copa de champán,
pero la fiesta se aguaba,
porque después de extirpar
remojaron ese pie
y lo fueron a secar.
xxx
Churrete
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