Me vestí con el aroma de tu ausencia,
con la mañana de silencios eternos,
el de tus labios que me embriagan.
Naufragué en el olvido de tus ansias,
espejismo que atormenta mi existencia
letargo que consume mis entrañas,
el de tu partida
No regreses,
deja que la penumbra de la noche
se lleve los recuerdos,
deja que mi pecho se canse de suspirar
y que mis lágrimas ya no
encuentren el consuelo de mirarte,
deja que se vaya la música de tus labios,
la que me hizo sonreír y vivir,
la me hizo existir en tu mirada.
Te llevaste mi existencia en los tonos de
aquella guitarra,
en las copas que bebiste embriagaste
mi nombre,
ahogaste los recuerdos,
y en los brazos de la luna escondiste
los encuentros.
Se va alejando la estela de tus huellas,
la lluvia ha borrado el sendero
por donde llegabas a mi encuentro.
Quizá se nos hizo tarde
me llevo las sonrisas enlazadas,
he tallado cada gesto,
cada verso,
cada mirada,
los llevo tatuados en mi piel
de tus manos impregnada,
los llevo en mi alma,
hasta que me acompañe
el último aliento de esperanza.